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Ha habido bastante resaca de la última Web. Tony interesa a todos, todos tenéis la imagen que de él os habéis hecho cada uno, y cualquier nuevo rasgo que no encaje en vuestro cuadro os causa inquietud. En Chile no me perdonaron cuando les dije que Tony llevaba peluca. Y sí que la llevaba (no tenéis más que examinar con atención la imagen de la portada de mi libro “Ligero de equipaje” para verificarlo), pero no encajaba con lo que sus lectores se imaginaban que era y deseaban que fuera. No era calvo del todo, pero tenía poco pelo y se ponía peluca. También cuidaba mucho, y con razón, las manchas de piel blanca que tenía en los brazos. Vitíligo o leucoderma era la afección cutánea que padecía, y leuco en griego es “blanca” o “pálida”, y derma es “piel”, lo cual resaltaba en él que era oscuro de piel. Se pasaba horas enteras tumbado medio desnudo bajo el sol de la India para ver si desaparecían las manchas blancas del pecho y los brazos, y tomaba remedios para que no se le extendieran a la cara. Y hacía bien en cuidarse en su salud y en su aspecto. Aunque el vitíligo no causa trastornos orgánicos, afea la apariencia y eso le preocupaba con razón. Pero tampoco le gusta a la gente que yo lo diga. Por lo visto se imaginan que un “santo” no debe preocuparse por su salud o por su apariencia. Se equivocan.
Os cuento otra peculiaridad de Sádhana. Frases como las siguientes, “me gusta este libro pero es muy largo”, “estamos en verano pero hace frío”, “quiero descansar pero tengo mucho trabajo” estaban prohibidas en Sádhana. ¿Por qué? Por el “pero” que llevan dentro. “Pero” es conjunción adversativa, y eso da que pensar. “Adversativa”. Convierte en adversarios dos partes de la misma frase. Divide de por medio a la persona que así piensa y así habla. Y eso destruye la unidad de la persona. Teníamos que tener cuidado en Sádhana, pues en cuanto nos descuidábamos y pronunciábamos un “pero”, se nos echaba todo el mundo encima. Había que decir “y”. Me gusta este libro…, y es muy largo. Estamos en verano y hace frío. Quiero descansar y tengo mucho trabajo. Es decir, yo soy la misma persona que quiero descansar y que tengo mucho trabajo, pero no (menos mal que no estoy en Sádhana porque ya he escrito sin querer un “pero”; ¿lo habéis notado?), pero no estoy dividido, no tengo dos identidades, no estoy riñendo entre el descanso y el trabajo; sencillamente noto la situación externa que me está ofreciendo a mí dos opciones, y yo voy escogiendo la que me parece más oportuna a cada paso para mi única y unida persona. Yo soy uno solo. ¿Encaja eso? Es más práctico de lo que parece. Es un sano ejercicio. Y nos reíamos mucho con él.
A mis amigos polacos les conté una de las anécdotas más risqué que conozco de Tony y que ni yo ni nadie ha puesto por escrito, pero los polacos la entendieron y la encajaron perfectamente, y eso me anima a contarla aquí. Espero no seáis menos que los polacos. Él era el padre espiritual de los “filósofos” que es como llamamos a los seminaristas jesuitas que, después del noviciado y las humanidades pasan a estudiar la filosofía aristotélico-tomista durante dos o tres años como parte de su formación y antes de acceder a los estudios de teología y el sacerdocio. Así es como había estado Tony aquel día dirigiendo a un “filósofo” en una entrevista rutinaria en su habitación. Tony nos contó que según iban dialogando el muchacho y él, él comenzó a sentirse sexualmente atraído hacia el muchacho. Una pura atracción sexual en la mente no es ni extraña ni pecaminosa (lo raro sería no sentirla nunca), y desde luego que Tony no era homosexual, pero él notó enseguida en su agudeza de autoexamen permanente que mientras la sentía no podía concentrarse en la dirección espiritual del momento, y entonces hizo lo que sintió que debía hacer. Se lo dijo sencillamente al muchacho. Esa simple declaración le liberó de su distracción, estableció su credibilidad, dio mayor profundidad y sinceridad a la entrevista, aligeró la continuación del diálogo, y tanto el dirigido como el director salieron edificados y reconfortados de la entrevista. Y a nosotros nos dejó con un ejemplo reciente, característico e inusual de la personalidad de Tony –también inusual. Luego nos contó el chiste del psicólogo en cuyo despacho entra una mujer joven y atractiva que a las pocas frases le dice descaradamente: “No me niegue usted que le gustaría acostarse conmigo.” Y el psicólogo le contesta tranquilamente: “Sí que me gustaría…, y no pienso hacerlo.” Nada de protestas indignadas, sino una sencilla manifestación de intención. Sí que me gustaría…, y no pienso hacerlo. Notad aquí la importancia del “y” en vez del “pero”. Es la misma persona la que siente el atractivo y la que dice que no. Nada de lucha entre “sentimientos encontrados” ni de split personality. Me gustaría y no pienso hacerlo. Integración perfecta.
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