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  --- ¡ NUEVO LIBRO ! ---  
 
ASÓMATE A MI VENTANA
10 años en la Web

La ‘ventana’ es la ventana de la Web en Internet, y ‘asomarse’ es darle al teclado y entrar en pantalla con la comodidad del asiento ante el ordenador y con el horizonte entero del universo ante los ojos. Una página Web cada quince días va recogiendo, como esta en diez años, instantáneas de vida, anécdotas del día, reflexiones al vuelo, intuiciones tanto pasajeras como profundas, y muchas de ellas tienen solo el valor del instante, mientras algunas dejan en su vuelo una estela, un recuerdo, una lección, una luz que puede iluminar situaciones y alegrar la existencia. Esas merecen recogerse. Experiencias y  pensamientos, encuentros y soledades, citas y versos que han brillado por un momento y han quedado en la memoria de quien las escribió y de quienes las leyeron con presencia permanente y bienhechora.


 


ÍNDICE PARA ASÓMATE A MI VENTANA.


EL CUERNO DE CARNERO
EMPEZAR EMPEZANDO
LO MÍO Y LO TUYO
DEJARSE QUERER
UN CUENTO SOBRE MÍ
ME ALEGRÓ EL DÍA
DIAGNÓSTICO EN EL CONVENTO
QUÉ CONTARLE A DIOS
EL SOLO DE FLAUTA
UNA SEÑAL, SEÑOR
LAS COSAS A MEDIAS
EL DÉCIMO CAMELLO
ESTAMOS DONDE NO ESTAMOS
¿DÓNDE ESTÁ EL LAUREL?
LLANTO POR EL TIGRE
EL RABINO EXPLICA
CARTAS AL CIELO
JOVEN MURIÓ TAL VEZ QUE ETERNO HA SIDO
YO SOY ASÍ
EL SECRETO DE EVA
LA FUGA DE BACH
LA ZARZA ARDIENTE
¡QUIERO VER AL GURU!
COMO EL MISMO DIOS
SE PUSIERON DE PIE
LA META ES PARTIR
DESPEDIDA



Capítulo de muestra para ASÓMATE A MI VENTANA:


EMPEZAR EMPEZANDO

 

La primera vez

He leído la autobiografía de la actriz Cher [Cherilyn La Piere] con el original título de “La primera vez” seguido de una serie de capítulos breves, cada uno con un título que comienza, “La primera ve que...”, como “La primera vez que mi hermana me metió en un lío”, “La primera vez que me rechazaron”, “La primera vez que luché con los censores”. Todo el libro es “La primera vez que...”. Toda la vida es “la primera vez que...” si sabemos vivirla con la novedad del momento.

Herbert von Karajan decía: “He dirigido la quinta sinfonía de Beethoven docenas de veces. Pero cada vez que la dirijo es la primera vez.”

Curro Romero: “Cada paseíllo me parece el primer paseíllo.”

A Barry Stevens, discípula y colaboradora de Fritz Perls le preguntó una amiga de la infancia, “¿Te acuerdas cuando nos encontramos por primera vez?”. Y ella contestó al instante: “Perdona. Cada vez que nos encontramos es la primera vez.”

El santo cura de Ars decía que cada misa que celebraba era su primera misa.

El sol se pone todos los días, pero no hay dos puestas de sol iguales. Ni dos salidas de sol iguales.

La vida cobra toda su fuerza cuando todo lo vivimos por primera vez.

Libros “entrevero”

Mario Benedetti introduce así su libro “Despistes y franquezas”:

"Desde antiguo aspiré secretamente a escribir mi personal 'libro-entrevero', ya que siempre consideré este atajo como un signo de libertad creadora y, también, del derecho a seguir el derrotero de la imaginación y no siempre el de ciertas estructuras rigurosas y prefijadas. Me doy cuenta de que si no lo hice antes fue primordialmente por dos motivos: no haberme sobrepuesto a cierta cortedad para la ruptura de moldes heredados, y, sobre todo, no haber desembocado hasta hoy en el estado de ánimo, espontáneamente lúdico, que es base y factor de semejante heterodoxia. Quiero que este libro, en cuya escritura he disfrutado más que en ningún otro, sea una suerte de reconocimiento a mi lector."

El “entrevero” son los párrafos largos o cortos de temas diversos “entreverados” entre sí sin orden especial. Es un anticipo, en imprenta, de lo que va siendo una página Web en pantalla. Es lo que refleja el libro de Mario Benedetti. Y lo que quiere ser el mío. Libertad creadora y espíritu lúdico. Y dice Benedetti que es el que más ha disfrutado escribiendo. “Despistes y franquezas.” Provocativo título.

Empieza

“Has de empezar a dibujar para saber qué quieres dibujar.”
(Picasso)

Y has de empezar a diseñar una página Web para saber qué ha de ser una página Web.

“Gracias, señor.”

Me ocurrió hace poco en Montevideo. Había llegado yo aquella mañana de España, y por la tarde salí a pasear para despejar la cabeza del desfase horario de cinco horas. Me dirigí al bello Jardín Botánico donde me gusta abrazar a los grandes árboles amigos míos de otros viajes y recordarles la mutua amistad.

Al pie de uno de esos árboles estaban sentados sobre la hierba dos jóvenes apoyados en el amplio tronco. Al pasar yo, me preguntaron respetuosos:

  1. Señor, ¿qué hora es?
  2. Cuarto para las nueve en mi reloj.
  3. Gracias, señor.

Yo seguí adelante, pero de repente me paré. ¡Pero qué disparate he dicho yo! ¿Cómo pueden ser las nueve menos cuarto cuando aún está comenzando la tarde? Me había olvidado de cambiar el reloj, y les había dado la hora de España donde eran ya las nueve menos cuarto de la noche cuando en el Uruguay, con las cinco horas de diferencia solar, eran solo las cuatro menos cuarto de la tarde.

Volví rápidamente sobre mis pasos y les dije a los dos jóvenes que seguían sentados impasibles al pie del árbol: “Perdón, me equivoqué. No es un cuarto para las nueve, sino un cuarto para las cuatro.” Me respondieron al unísono: “Gracias, señor.”

Yo seguí mi camino y pensé. ¡Benditos muchachos a quienes les da lo mismo que sean las cuatro de la tarde que las nueve de la noche! ¡Bendita tierra donde te contestan “Gracias, señor”, digas lo que digas aunque sea un disparate manifiesto! Bendita falta de prisa, de “apuro” como allí se dice, de ansiedad, de velocidad. Bendita tranquilidad de vida. Para mí la quisiera.

”Le contaron a Jesús…”

En tiempos de Jesús no había noticias por radio, televisión, periódicos o teléfono móvil. Pero sí había noticias. Sí había el correo de siempre, el boca a boca o ventana a ventana en el pueblo, el rumor de la ciudad que llegaba a lomos de cabalgadura hasta la última aldea, la confidencia en un rincón, o el comentario alegre a plena voz de las mujeres camino del pozo. La noticia existía, y existía el medio de transmitirla. Rápido y eficaz. Hasta a Jesús le contaban noticias así, y tenemos un ejemplo de ello en el evangelio:

“En aquel momento llegaron algunos que le contaron a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro, y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.”

(Lucas 13, 1-5)

        Dos noticias. La torre de Siloé se ha derrumbado y ha matado a diez y ocho. ¿Lo sabías? Pilato mandó a sus tropas atacar a los galileos que entraban con sus ofrendas a sacrificar en el Templo y derramó su sangre. ¿Os habíais enterado? Un accidente de trabajo, y una agresión política. Noticias que se comentan en el entorno de Jesús. Sucesos de siempre. Y Jesús sabe sacar de ellos lecciones de vida.

        Seguimos teniendo noticias. Infinidad de noticias. En el fondo las mismas del entorno de Jesús, desde catástrofes naturales hasta la violencia de las armas. Ahora nos toca aprender a sacar lecciones de ellas. Como Jesús.

Otra vez Picasso

“Si sabes exactamente lo que vas a hacer, ¿de qué te va a servir hacerlo?”
(Picasso)

Por lo visto Picasso se decía eso al pintar. Y yo me lo digo al comenzar esta aventura cibernética. Si yo supiera lo que es una página Web, ¿de qué me serviría hacerla? Pero es que no lo sé, y eso es lo que le da interés, vitalidad, ilusión a la empresa. Nadie sabe exactamente lo que es una página Web, y para colmo esta quiero que sea distinta. Es el secreto para pasarlo bien haciéndola. Y sueño que la hagamos entre todos. Os pido comentarios.

Testimonio de un gran hindú

[Así nos cuenta Rabindranath Tagore su recuerdo de un jesuita español que no hablaba muy bien el inglés pero dejó marca en la vida del gran escritor.]

“Tengo un recuerdo de mis años en la Universidad de San Javier en Calcuta que eleva a un plano ideal lo que de otra manera era una enseñanza rutinaria. El Padre de Peñaranda tenía poco que ver con nosotros. Era un español que parecía tener un impedimento al hablar inglés. Quizá por eso sus alumnos no le prestaban gran atención, y yo sentía que eso le dolía. Sus facciones no eran hermosas, pero su rostro tenía un extraño atractivo. Cada vez que yo lo miraba, parecía que su espíritu estaba en oración, y una paz profunda lo invadía por dentro y por fuera.

Teníamos media hora de composición escrita en los cuadernos, que yo me solía pasar distraído, con la pluma en la mano y pensando en las musarañas. Un día fue el Padre de Peñaranda quien se encargó de vigilar nuestro rato de composición. Se paseaba al fondo de la clase. Debió de notar que mi pluma no se movía. Se me acercó. Se inclinó sobre mí, me puso la mano en el hombro y me preguntó con ternura: ‘¿No estás bien, Tagore?’

Fue sólo una pregunta sencilla, pero nunca se ha borrado de mi memoria. No sé qué pensaban de él los otros muchachos, pero yo sentía en él la presencia de un alma grande, y aun hoy, al escribir esto tantos años después, su mero recuerdo parece transportarme hasta el silencio del recinto más sagrado en el templo de Dios.”

Teología del barro

Uno de los festivales religiosos más populares en la India es el del dios Ganesh (Ganesh Chaturthi), y en él tiene lugar una ceremonia que a primera vista choca un poco. Se han moldeado de antemano literalmente miles de imágenes de Ganesh, y ese día se llevan en procesión al mar donde hay mar, y al río donde hay río, y se arrojan a las aguas para que se disuelvan en ellas. Las imágenes son de arcilla o barro o escayola, y desaparecen rápidamente en las olas o corrientes. Pero ¿qué quiere decir ese extraño rito?

        Yahvé en el Sinaí mandó a Moisés que no se hicieran imágenes de Dios. El peligro era y es tomar a la imagen por la realidad. Imágenes de Dios hechas por nuestras manos, por bellas que sean, son limitadas. Y conceptos de la divinidad elaborados por nuestra mente, por nobles y dignos que sean, son imperfectos. Necesitamos imágenes y conceptos de Dios para dar forma a nuestra fe, pero hemos de reconocer también su limitación, ya que nuestras manos son de carne y nuestra imaginación es de líneas y colores. Y la divinidad está muy por encima de líneas y colores. Deus semper maior. Dios siempre es más.

        Los hindúes tienen las Letanías de los Mil Nombres de Dios (Sahasra Nam), y después de cada nombre recitan la respuesta “No es eso, no es eso” (neti, neti). Porque es todo, y es más allá de todo. Todo adjetivo ha de ser pronunciado... y descartado. Todo concepto nuestro de Dios ha de ser apreciado, atesorado, amado..., y trascendido. Santo Tomás de Aquino llamaba a eso “la vía de la afirmación, negación, y trascendencia.” Ese es el proceso. Nos va a durar toda la vida..., y toda la eternidad.

        Hacemos bien en labrar imágenes de Dios en mármol para significar su eternidad; y hacemos también bien en moldear imágenes de Dios en barro para reconocer nuestra cortedad. Reconocemos que Dios es infinito mientras nuestro entendimiento es finito, y así expresamos a Dios como hoy lo conocemos, y nos abrimos a como él querrá que lo conozcamos mañana. Atesoramos nuestra imagen de hoy, y nos desprendemos de ella ante la de mañana. Dios es siempre nuevo. El hebreo no hacía imágenes de Dios. El hindú las renueva cada año. Es el mismo gesto.

        En el Japón visité un templo sintoísta que se destruye por completo cada veinte años y vuelve a edificarse al lado de manera distinta. Para no acostumbrarse. Otra vez el mismo gesto.

        El secreto de avanzar en el conocimiento de Dios es estar dispuestos a arrojar al mar –con fe, con cariño, con nostalgia, con reverencia, con devoción, con ilusión– la imagen del año anterior.

Problemas de pareja

La mujer piensa del “ordenador”:

Para captar su atención, hay que encenderlo.
Tiene mucha información, pero ninguna imaginación.
Se supone que tiene que ayudar, pero la mitad del tiempo él es el problema.
En cuanto te decides por uno, te das cuenta de que si hubieras esperado un poco más, habrías tenido un modelo mejor.

El hombre ve así a su “computadora”:

Nadie, salvo su creador, entiende su lógica interna.
El lenguaje que utiliza para dialogar con otra computadora es completamente incomprensible.
Guarda el más mínimo error en su memoria para sacarlo en el momento más inoportuno.
En cuanto te decides por una, te das cuenta de que tienes que gastar la mitad de tu sueldo en accesorios.

En España se llama “ordenador” en masculino, y en Latinoamérica “computadora” en femenino. El sexo del aparato influye sin duda en la manera como lo tratamos.
 

“Los justos”

Poema de Jorge Luis Borges, Obras Completas, III, p. 326:

“Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre, que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar el mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”