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Me habéis preguntado varias veces si creo en el infierno. Sí creo, ya que si dejara de creer en él dejaría de ser católico pues la existencia del infierno es dogma de fe en la iglesia católica. Entonces me decís que el infierno existe, pero está vacío, con lo cual se salva el dogma y se salva la bondad de Dios que no va a mandar a nadie al infierno a que lo atormenten por toda la eternidad. Os sigo contestando que no está vacío, porque los ángeles caídos están allí, que son los demonios. Y ahora os cuento el último capítulo de la serie. Dios y el Demonio son una misma persona. Lo dice la Biblia. Os lo explico. David hizo un censo de Israel y Judá, cosa que él sabía desagradaba a Dios pues mostraba confianza en el hombre mismo y en sus fuerzas sin depender de Dios, y orgullo de su poder, y a Dios eso le molestaba. Y sin embargo David lo hizo, y Dios le castigó con una peste que mató a setenta mil personas. (Lo cual le estropeó el censo a David, claro.) Lo curioso del texto es que aparece dos veces en la Biblia, primero en el Libro Segundo de Samuel, y más tarde en el Libro Primero de las Crónicas, es decir que el mismo suceso histórico se narra dos veces en la Biblia, pero con una pequeña diferencia. El primer texto dice, ‘Dios incitó a David a hacer el censo’, mientras que el segundo texto, escrito más tarde, dice, ‘Satanás incitó a David a hacer el censo’. Es decir, en el primero es Dios el que incita al censo, y en el segundo es Satanás. Todo lo demás es lo mismo en los dos textos. ¿Qué quiere decir eso? La Biblia de Jerusalén lo explica en una nota: ‘El Cronista atribuye a Satanás, según una teología más desarrollada, lo que el Libro de Samuel había atribuido a Dios.’ En la primera concepción humana de Dios, era él solo quien hacía todo, lo bueno y lo malo; pero, según el concepto de Dios fue siendo perfeccionado y refinado por los sabios (la ‘teología más desarrollada’ que dice la Biblia de Jerusalén), no pareció bien referir a Dios los asuntos desagradables, y se siguieron refiriendo las cosas buenas a Dios mientras que las malas pasaban a atribuirse a un nuevo personaje, el Diablo. Así es como la tentación de hacer algo malo pasó, de venir de Dios, a venir del Diablo. El Diablo es sencillamente la imagen de Dios cuando hace cosas desagradables. División de trabajo.
Alan Watts cuenta una historia en la cual Dios se siente solo, ve su propia sombra, la levanta y cobra forma, y es el Demonio. Dios le dice: ‘Mira, ahí abajo en la tierra todo anda bastante aburrido. Ahora vamos a ser dos para animar eso. Yo seré el chico bueno y tú el chico malo, y lucharemos todo lo que queramos como en el cine. Al final les diremos que los dos somos uno, y nos reiremos todos juntos.’ ¿No es eso un buen exorcismo?
‘Yo soy el Señor, y no hay otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas,
hago la paz y creo el mal:
yo soy el Señor que hago todo esto.’
(Isaías 45:7)
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