Es bueno encontrarnos.
En pantalla y corazón.
En compañía electrónica.
En Paz y Alegría.
Carlos G. Valles
English Language

Salmo

Está lloviendo. Lluvia furiosa como un monzón oriental. La cortina de agua, el súbito Niágara, la calle hecha un río, el oscuro nublado, el descenso violento del cielo sobre la tierra con el agua de la destrucción por todo el horizonte donde el cielo y la tierra se hacen uno en la unidad cósmica de todos los seres. La danza de la lluvia, la danza de los niños en la lluvia que sella la alianza eterna del hombre y la naturaleza, y la renueva año tras año para bendecir a la tierra y multiplicar sus cosechas. La liturgia de la lluvia en el templo donde reza la humanidad.

Disfruto con la lluvia que hace fértiles a los campos, pinta de verde a la tierra y hace al aire transparente. Libera al perfume escondido en la tierra seca, y llena con su encanto los espacios en los que se renueva la vida. Rebaja el calor, oculta al sol, refresca el aire y forma a los frutos de las plantas para el sustento y el gozo del hortelano. Dios cumple su promesa año tras año y envía a la lluvia como prueba de su amor y expresión de su providencia. La lluvia es la bendición de Dios sobre el mundo que él creó, y su contacto con él nos recuerda su presencia, su poder, y su cuidado por todos nosotros. La lluvia viene de lo alto y penetra hasta el fondo de la tierra. El dedo de Dios toca a la tierra con el gesto original de la primera creación.

“Tú te preocupas por la tierra, tú la riegas y la enriqueces sin medida; el arroyo se llena de agua, los campos se inundan y se empapan para preparar la cosecha que da vida al hombre.
Amo a la lluvia, densa, constante, extensa, velozcomo la figura y promesa que es de otra lluvia que también nos llegará desde arriba.


(Último cambio: 01.11.2017)
(Próximo cambio: 01.12.2017)