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atrás - OS CUENTO - 15/12/07
 

En Los Simpson, Homer se queja: “Se ha olvidado por completo el sentido de la Navidad. Ya nadie se acuerda que es la fiesta del nacimiento de Santa Claus.”

Hoy me he encontrado un texto de la Biblia que me ha hecho pensar y me ha hecho gozar. Y es de Navidad porque habla de niños.

Sabidas son las diferencias entre los hijos de Isaac, Esaú y Jacob. La venta de la primogenitura por un plato de lentejas, el engaño de Jacob a su padre vistiéndose con vestidos velludos para hacerse pasar por Esaú y robar la bendición que Jacob pensaba dar a Esaú, la enemistad consiguiente y la separación de los hermanos mellizos huyendo Jacob de las amenazas de muerte de Esaú.

Jacob, pasados unos años, quiere reconciliarse con Esaú, y va a verle con toda su familia y con un regalo de doscientas cabras, veinte machos cabríos, doscientas ovejas, veinte carneros, treinta camellas con sus crías, cuarenta vacas y diez toros enviados por delante en grupos separados para propiciar la amistad. Se encuentran los hermanos, se abrazan, lloran, y al separarse otra vez, Esaú se presta a acompañar a Jacob hasta Seir para protegerle en el camino, pero Jacob suavemente rechaza ir juntos aunque admite el gesto de amistad, y pide a su hermano mayor que vaya él por delante. Estas son sus palabras y su razonamiento:

“Mi señor sabe que he venido con mis dos mujeres y mis once hijos, y los rebaños que se multiplican y crían. Los niños son tiernos y tengo conmigo ovejas y vacas y camellas criando; un día de ajetreo bastaría para que muriese todo el rebaño. Adelántese, pues, mi señor a su siervo, que yo avanzaré despacito, al paso del ganado que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue donde mi señor, a Seir.” (Génesis 33, 13)

Al paso del ganado, al paso de los niños. ¿No es ese el paso de la vida? ¿De los que estrenan vida y la ven sin prejuicios y sin preocupaciones? ¿De los que van paso a paso, disfrutando con el andar, saltando y gozando, sin prisas por acabar jornadas, sin ansiedad por llegar? Esaú era el guerrero apresurado. Jacob era el campesino reposado. Suya era la vida.

Yo avanzaré despacito, al paso de los niños, al paso del ganado que va por delante, con sosiego, con paz. Yo viviré tranquilo sin agotar jornadas, sin forzar horarios. Yo gozaré al caminar. Saludaré a cada árbol, acariciaré a cada roca, sonreiré a cada pájaro, saludaré a cada amanecer. No contaré los días ni mediré las etapas. No reventaré el calendario ni gastaré relojes. Caminaré despacio, contento, reposado, feliz. Viviré mi vida al paso de la naturaleza y del agua y de la tierra. Al paso del Niño de Belén y de su burro y su buey. Ese es el secreto de la vida. Jacob lo sabía. 

Así se ganó Jacob el nombre de “Israel”. (32, 28)

Anécdotas de la vida del P. Arrupe, tomadas de Hedwig Lewis, Pedro Arrupe Treasury, Gujarat Sahitya Prakash 2007.

Arrupe: “¿Cree usted que podré aprender la ceremonia del té en tres semanas?”
Profesor Koto-an: “Si persevera usted tres años podría aprender lo esencial.”

Un anciano asistió durante seis meses a las clases de catecismo del P. Arrupe. Alguien le preguntó: “¿Entiende usted lo que dice el padre?” Contestó: “Yo soy completamente sordo. Pero le miro a los ojos. No mienten. Yo creo en lo que ese hombre cree.”

Un secreto de la energía del P. Arrupe era su capacidad para dormirse un rato en cualquier sitio. En el autobús o el avión se volvía a su compañero y le decía: “Tengo que cumplir con mi deber para con la Compañía.” Y se dormía al instante.

Compañero: “¿Por qué no va usted a nuestra casa de vacaciones en Villa Cavaletti a descansar?”
Arrupe: “No sabría qué hacer allí.”

El semanario Time publicó en su portada el retrato del P. Arrupe, y su publicación coincidió con el día de la muerte de Picasso. Dos señoras pasaban en frente de un puesto de periódicos, y una de ellas lo señaló y le dijo a la otra: “Pues no se parece nada a Picasso.”

En junio de 1978 al llegar al aeropuerto de Roma se encontró con doce  policías que le escoltaron en tres coches. Estaba en la lista de las Brigadas Rojas que habían matado a Aldo Moro, y se temía pudieran raptarle. Arrupe respondió: “Si me raptan, no den más de diez liras por mi rescate.”

En el Cairo el coche que lo llevaba pasó cerca de las pirámides y se las señalaron. Arrupe las miró un momento desde el coche en marcha y siguió la conversación. En la India estuvo varias veces pero nunca vio el Taj Mahal. [Aquí me permito comentar que por lo visto no le contaron la leyenda ‘kármica’ de la India según la cual si alguien, pudiendo ir a la India y visitarla, no va a ver el Taj Mahal, en su próxima encarnación se reencarnará como barrendero del Taj Mahal para tener que verlo todos los días. Quizá pudiéramos buscar al P. Arrupe por Agra.]

En un escrito suyo, citado en la p. 132 del mismo libro, describió “a modo de exclusión”, es decir, definiendo lo que no debe ser un jesuita, cinco tipos de jesuitas, advirtiendo que en la práctica se encuentran mezclados y siempre con rasgos que suavizan el conjunto. No pasó a describir el jesuita ideal. Quizá se apliquen también a otros.  
1. El protestante a tiempo completo. Es verdad que la denuncia puede ser un deber profético y evangélico, pero para que la protesta sea evangélica y constructiva hay que pensar cómo, cuándo, sobre qué, a quién, y en virtud de qué principios se protesta.
2. El profesional que se deja absorber totalmente por los aspectos puramente profesionales de su trabajo, aunque estos tengan un indudable valor apostólico. Este no debería dejar que su trabajo le haga llevar una vida independiente de la comunidad y del superior. Un excesivo profesionalizarse puede llevar a un secularismo que sofoca la vida espiritual y el trabajo sacerdotal.
3. El irresponsable que no ve ningún valor en cosas como el orden, la puntualidad, el valor del dinero, la moderación en el recreo, etc. Con frecuencia tiene una injustificada alergia contra todo control de sus actividades.
4. El activista político, que es diferente del apóstol social. Puede tener un deseo sincero de ‘encarnarse’ entre los pobres y los oprimidos y de acabar con las estructuras injustas. Pero cuando la lucha por la justicia lo envuelve, no en su legítimo campo de crítica cristiana y asistencia y compartir, sino en materias de política y aun de partido, a veces con abandono total de su misión sacerdotal, su trabajo en la política y los sindicatos, apenas es evangélico y él apenas puede decirse que viva y actúe como alguien enviado por la Compañía.

5. El fanáticamente tradicional que edifica toda su vida alrededor de símbolos y prácticas de una era pasada: sus manías, su rígido modo de vida, sus prácticas personales y litúrgicas de espiritualidad. Este jesuita escucha con avidez toda noticia pesimista, critica ácidamente a las generaciones jóvenes cuyos valores es incapaz de aceptar y cuyos defectos, reales o imaginarios, lamenta sin cesar. Por nada del mundo abriría una cuenta en un banco, pero es muy posible que esté bien cuidado por familias amables que piensan como él. En su corazón no ha aceptado nunca la Congregación General 31 y 32, ni siquiera el Vaticano II.

Discípulo: “Maestro, busco el sentido de la vida.”
Maestro: “Prueba en Google.”