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atrás - MEDITACIÓN - 15/11/09


El cuervo y la perdiz

Cita del ‘Calila e Dimna’ en versión y ortografía originales:

‘Dizen que un cuervo vio andar una perdiz
et pagóse mucho de su andamiento,
et ovo esperança de lo aprender
et non pudo.
Et quando se fue,
que non pudo aprender,
quiso tomar a su andar que era de primero
et non pudo,
que se le avía olvidado.’

Las imitaciones nunca resultaron. Deja de ser uno lo que es, y no llega a ser lo que quiso ser. Pierde su originalidad y no le resulta lo prestado. Ni cuervo ni perdiz. Ya no sabe cómo andar. Se queda con la vergüenza de haber rechazado su manera propia, y con la frustración de no haber aprendido la ajena. No puede seguir la ajena porque no la sabe, ni la propia porque la ha repudiado. Ya nunca andará a gusto en toda su vida. En mala hora se fijó el cuervo en la perdiz.

Andares del alma. Tentación de imitar. Invitaciones a la sumisión. Promesas de andar como perdiz. Al cuervo le atrae, comienza las lecciones, imita el paso, pero al cabo del tiempo se desanima porque ve por experiencia que aquellos modales no le van. No puede volver a ser lo de antes, pues había salido públicamente de su postura, y no consigue adoptar la nueva porque no la ha dominado ni la dominará nunca. Y le queda ese andar incierto, desmañado, torpe de quien quiere ser algo y no lo ha logrado, y lleva a medias en su vida las pautas que sin lograrlo del todo ha querido aprender.

La parábola vuelve, en su brevedad didáctica, al principio fundamental de todas las sabidurías populares, y es que cada cosa ha de ser lo que es, cada ser ha de actuar según su naturaleza, cada persona ha de obrar según su carácter. Querer cambiar su propio carácter es destruirse. No ya andares y movimientos, sino pensares y sentimientos. Si soy cuervo he de andar como cuervo y graznar como cuervo, y no me importe tener andares patosos y color negro y voz áspera. Ni presumo ni me avergüenzo. Soy cuervo de nacimiento y a mucha honra.

En el campo los cuervos siguen andando como cuervos y las perdices como perdices. Han aprendido la lección del cuervo insatisfecho. En las ciudades los hombre y mujeres siguen imitando andares, vestidos, modas, teorías, posturas de cuerpo y de mente. Y hay que ver el porte que nos llevamos. La última frase de la parábola es trágica. Cuando el cuervo quiso volver a su andar natural, se había olvidado. Que no nos alejemos tanto de nosotros mismos que lleguemos a olvidarnos nunca de lo que en realidad somos. Que no se nos haga demasiado tarde.