Diez años es ya todo un cumpleaños en la Web. Se ha dicho que la medida del paso del tiempo hoy es lo que tarda el último invento electrónico en convertirse en penúltimo. El tren va rápido. Yo me subí al tren de la Web en cuanto la conocí. Me gusta escribir, me gusta comunicarme, me limitan ya un poco los años, me sigue atrayendo el teclado, y todo eso me llevó a la Web. Bendito momento. Comencé sólo en español y una vez al mes. Tenía que medir mis fuerzas y encontrar el equilibrio. Pronto vi que un mes era demasiada espera, y pasé a los quince días. Y luego al inglés. Y así sigo. Puse mi dirección en mis libros, y empezaron los lectores.
Hay millones de Webs en Internet. Pienso que la mía es algo distinta de la mayoría. Una vez la definí como “Mi Web soy yo cada quince días.” Suena un poco arrogante y naturalmente no les interesa a aquellos a quienes yo no les intereso, pero, por la misma razón, a quienes les gustan mis libros y mis ideas y mi persona, les agrada encontrarse conmigo de vez en cuando. Como a mí me gusta encontrarme con mis lectores en el medio rápido, informal, directo, cercano de la Web y su correo. Para mí la Web es un género literario nuevo, que estamos inventando y aprendiendo al hacerlo. No es libro ni carta ni periódico ni discurso ni biografía ni historia. Es algo distinto que está naciendo en nuestras manos y que disfrutamos al ir dándole forma. Es un gozo hacerlo.
Leo mucho para escribir algo. Para escoger citas, episodios, cuentos que a mí me tocan, y veo que lo que a mí me toca, os toca a vosotros. Y luego veo que lo que más os gusta son las experiencias por las que voy pasando y que os cuento con realismo, reflexión, y humor. Eso me hace prestar atención en mi vida para haceros llegar todo lo que me llega a mí.
El correo que nace en la Web es su mejor parte. Leo cada mensaje personalmente con atención, lo pienso con cariño, lo contesto con calma. Algunos me envían un primer mensaje exploratorio para cerciorarse que soy yo quien contesta. Y luego viene ya el mensaje de verdad. Nunca he tenido secretario, y para mí es sagrada esa comunicación. Le doy todo el tiempo y el cariño que se merece. Recuerdo muchos nombres, me resultan familiares las situaciones antes descritas, a veces me impaciento porque me hacen preguntas a las que nadie puede responder, pero en realidad no es la pregunta o la respuesta lo que importa sino la misma comunicación en sí. El contacto, por virtual que sea, la conversación, el abrazo, el beso que dan calor al mensaje a través de los bits cibernéticos. Gracias por leerme, me dicen. Gracias por escribirme, contesto yo. Lo digo de corazón. Cada mensaje es un encuentro. La comunicación vale en sí misma.
Abro el correo con ilusión todas las mañanas. Es para mí la primera tarea del día. Estas son las cuatro preguntas que más me hacéis:
1. ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo? ¿Por qué sufren los buenos? ¿Por qué Dios ha permitido que mi hija muera? Empiezo por corregir el lenguaje. Fueron los teólogos los que se inventaron eso de que Dios “hace” unas cosas (las buenas) y “permite” otras (las malas), es decir que si un avión vuela bien es porque Dios “hace” que vuele bien, y si se estrella con doscientos pasajeros a bordo es porque Dios “permite” que se estrelle. ¿A quién se lo permite? ¿Al diablo para que haga una de las suyas? No. Todo eso son imaginaciones. La verdad es que Dios hace todo en todos, lo hace cooperando “a partes iguales” con el ser creado que también coopera en la acción, ya sea el ser humano que actúa en libertad o el árbol que crece en su vitalidad…, o el rayo que cae sobre el árbol y lo mata. Dios no “permite” que caiga el rayo, sino que el rayo que mata al árbol sale de su mano como sale la lluvia que ha dado vida al árbol. Seamos claros. Se une la omnipotencia de Dios con la libertad del hombre, y de ahí sale nuestra vida. El sufrimiento nos forma, nos acerca unos a otros, nos hace tomar la vida en serio, nos enseña a apreciar más la alegría. Yo he sufrido en mi vida, y eso me da el derecho de acompañar a otros cuando sufren. No hay día sin que el correo electrónico me traiga algún testimonio de sufrimiento personal, y eso da peso a mi vida y seriedad a mi alegría. La respuesta al sufrimiento no está en explicarlo sino en aceptarlo y compartirlo. Contesto siempre de alma a alma. Gracias por hacerme partícipe de las contrariedades de la vida.
2. ¿Por qué la Iglesia anda tan mal? “Bajo mínimos”, nos dijo nuestro superior religioso que anda. Yo he hecho lo que puedo hacer como escritor. Escribir un libro. En él puse todo lo que humilde y personalmente creo necesita corrección en la Iglesia, lo llamé “Querida Iglesia” por el respeto y cariño con que está escrito, y lo publiqué. En él mencioné la falta de transparencia de la Iglesia, la censura a los teólogos, la pérdida de credibilidad, la moral sexual, el complejo de culpa, el tratamiento de la mujer, el alejamiento de los jóvenes, el nombramiento de obispos, la Iglesia de derechas que hoy domina a la Iglesia de izquierdas, el celibato sacerdotal, la crisis de vocaciones. Alguien me dijo que mi libro no serviría de nada. Le contesté que ya sabía yo que mi libro no cambiaría a la Iglesia, pero satisfacía a mi conciencia. La Iglesia se mantiene por la devoción popular, las asociaciones de extrema derecha, y los viajes y audiencias del papa que le dan visibilidad, pero no le dan la credibilidad, autoridad, ejemplaridad que verdaderamente necesita. La Iglesia en su universalidad, su influencia, y su misión en la cristiandad y en el mundo está en crisis. Y encima se enfada cuando se lo decimos.
3. ¿Qué hacer para que mis hijos adquieran valores cristianos? Practicarlos vosotros como padres, y recalcarlos al practicarlos ante vuestros hijos. “Mira, hijo mío, yo podría mentir aquí y pagar menos, pero yo no miento porque la mentira daña a la sociedad y a tu propia credibilidad; yo podía quedarme en la cama y no ir a misa, pero sé que ir a la iglesia me ayuda a vivir mejor; yo podía desentenderme de los pobres, pero entiendo que el ayudar en lo que puedo es mi obligación y mi satisfacción como persona.” Que os vean a vosotros, que os oigan decirlo y así irán aprendiendo.
4. “Antes sentía mucha devoción en la oración y en misa, y ahora no la siento.” Siempre os digo que la relación en una buena pareja no es la misma en sus bodas de oro matrimoniales que lo que fue en su luna de miel. A cada tiempo lo suyo. Sin desanimarse nunca.
Y luego vienen las preguntas eternas de si me caso o no me caso, si me separo o no me separo, si entro en el noviciado o no entro, si me quedo o me salgo…. Preguntas que siempre tomo en serio, me dejo cuestionar por ellas, pues cada pregunta me afecta a mí mismo, y contesto lo que sinceramente pienso con todo el cariño que siento. Ah, y una cosa. Con triste frecuencia envío mi mensaje como respuesta al que me llegó, y lo rechaza el ordenador. La dirección de envío estaba mal puesta. Y yo no tengo otro medio de comunicarme. La persona que me escribió se creerá que no le he contestado, y yo no tengo medio de decirle que fue ella quien se equivocó al poner mal la dirección. Eso me da rabia, pero no tiene remedio.