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  atrás - ME CONTÁIS - 15/10/07

Hugo Marroquín Rivera me cita un párrafo de Mihaly Csikszentmihalyi en su libro "Aprender a fluir", que dice significativamente:

“Hinduismo y budismo prescriben la eliminación de la intencionalidad como requisito previo a la felicidad. Afirman que sólo abandonando todo deseo y logrando una existencia desprovista de fines, se tiene alguna posibilidad de evitar la infelicidad. Esta forma de pensar ha influido a muchos jóvenes europeos y americanos para intentar rechazar cualquier tipo de meta, con la creencia de que sólo un comportamiento completamente espontáneo y aleatorio conduce a una vida iluminada.”

Yo había leído el libro, sin atreverme a pronunciar el nombre tan algebraico del autor, y estoy de acuerdo en que hay peligro de interpretar así el budismo, aunque en realidad el budismo no dice eso. No rechaza el deseo (iccha) sino la ansiedad en el deseo (trishana) que no es lo mismo. La meta ayuda en un principio con marcar dirección y animar al camino; pero estorba luego con la preocupación de alcanzarla y la ansiedad en las dudas que puede dar al traste con toda la empresa.

Conocí a un muchacho cuyo deseo por ser médico lo llevó a sacar las buenas notas que le permitieron entrar en la facultad de medicina. Y, una vez allí, la ansiedad por pasar todos los exámenes lo derrotó y le hizo abandonar la carrera. El deseo ayuda; la ansiedad estorba.

Lo importante en el budismo es vivir el presente, que, vivido en su plenitud, llevará al futuro. La oruga no se convierte en mariposa empeñándose en convertirse, sino siendo sencillamente una buena oruga. Y si se empeña en convertirse, seguro que lo estropea todo. Seamos orientales.

Lao Tzu: “Me deleito en la ausencia de toda meta.” Un gran maestro.