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  atrás - ME CONTÁIS - 15/07/07

Pregunta: ¿De dónde viene la expresión “perder la virginidad” y qué importancia tiene?

Respuesta: Es una expresión sesgada, y da lugar a malentendidos. Cuando yo estudiaba matemáticas en el colegio, el profesor, padre Olabarrieta, nos decía que lo importante en matemáticas era plantear bien el problema. Si se plantea mal, no hay solución; y si se plantea bien, ya está solucionado. Cuando continué con las matemáticas en la universidad, el profesor, padre Racine, al proponer un problema se tomaba un buen rato en la pizarra para formular la ecuación cuya solución, al despejar la incógnita correspondiente, llevaría a la respuesta al problema. Una vez formada y escrita la ecuación con todas sus x, y, z, en el ángulo superior izquierdo de la pizarra, se volvía triunfante a la clase, tiraba la tiza, se sacudía el polvo de las manos, y decía solemnemente: “Llamen ustedes al conserje.” Quería decir que lo importante era establecer bien la ecuación, y que el resolverla era ya materia de pura rutina. Lo podía hacer el mismo conserje. De hecho, hoy en día eso es lo que hacen los ordenadores. Lo difícil es programarlos.

Pues bien, la expresión “perder la virginidad” es un planteamiento que tiene varios defectos. Programa mal la ecuación.

1. “Perder” es palabra sesgada, tiene sentido peyorativo, y condena de antemano la acción como un mal, un deterioro, una pérdida. Si en vez de “perder la virginidad” dijéramos imparcialmente “ejercer por primera vez el sexo”, que es lo que sencillamente es, cambiaría todo el enfoque y el entorno sin cambiar el sentido.

2. Aunque la palabra “virgen” se aplica gramaticalmente a los dos sexos, se dice “una virgen” no “un virgen”, con lo cual en la práctica se dice de la mujer más que del hombre. Decimos “Santa Cecilia, virgen y mártir”, pero no se dice lo mismo de ningún santo masculino. También este uso es sesgado.

3. La virginidad orgánica se da solo en la mujer. El hombre la ha usado para comprobar que la mujer con quien se casa no ha tenido sexo con otro hombre, lo cual pone a la mujer en inferioridad ante el matrimonio, ya que la virginidad del hombre no puede comprobarse. Esto es machismo puro, y así lo ha sido en la historia con tristes consecuencias, y lo sigue siendo en nuestros días.

4. En entornos católicos la palabra “virgen” evoca con respeto y cariño a la Virgen María. Por consiguiente, ser virgen es parecerse a La Virgen, lo cual es un honor, que se “pierde” al “perder la virginidad”.

5. La Biblia tiene un texto que, a primera vista al menos, ha ensalzado la virginidad y condenado la falta de ella. Este es el texto: “Vi al Cordero que estaba en el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban su nombre y el nombre del Padre grabado en la frente. Cantan un cántico nuevo delante del trono, delante de los cuatro vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil rescatados de la tierra. Son los que no se han contaminado con mujeres pues se conservan vírgenes. Estos acompañan al Cordero por donde vaya. Han sido rescatados de la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero.” (Apocalipsis 14:1-4)

La palabras “los que no se han contaminado con mujeres porque son vírgenes” parecen decir que el hombre, al tener sexo con una mujer, queda contaminado por ella, lo cual es degradante para la mujer y para el sexo que se considera algo sucio. Y también parece decir que los que “son vírgenes” tienen un puesto especial y exclusivo en la compañía del Cordero, ya que solo ellos pueden cantar su cántico y seguirle a todas partes, son las “primicias” para el Cordero “rescatados de la humanidad”. Así se nos explicaba a nosotros ese texto de jóvenes, con lo cual se ensalzaba la virginidad, se degradaba el sexo, y se nos exhortaba a que fuéramos de aquellos “ciento cuarenta y cuatro mil” que permanecen vírgenes de por vida para gozar por toda la eternidad de sus privilegios en el cielo por no haberse “contaminado con mujeres”. Sin que se dijera nada de mujeres que “no se han contaminado” con hombres. No eran parte de las “primicias” del séquito del Cordero.

El texto puede tener otras interpretaciones, según nos dicen los biblistas, como que el “ser virgen” quiere decir “no cometer idolatría” (aunque aun así no parecería bien que el “no ser virgen” se comparase a “adorar a ídolos”), o que el abstenerse del sexo es preparación para la batalla y por eso se recomienda. De todos modos su sentido obvio y directo ha hecho daño, ha exaltado exageradamente a la virginidad, y ha condenado la falta de ella. Tanto es así que algunas versiones modernas, en vez de “vírgenes” traducen “se han conservado castos” para suavizar el sentido. La traducción es bien intencionada pero falsa, ya que el texto griego dice “parthenoi”, y todo quien se acuerda del Partenón en Atenas sabe que quiere decir “vírgenes”.

Por todas esas razones he dicho que la expresión “perder la virginidad” es sesgada y crea prejuicio. Si el sexo es bueno y creado por Dios, ejercer el sexo por primera vez, digna y debidamente, no debería ser materia de vituperio sino de satisfacción personal y de enhorabuena social. También he visto, en vez de decir “cuando perdí la virginidad”, la expresión “cuando me hice sexualmente activa”, que es más positiva todavía ya que en general “activo” suena mejor que “pasivo”. ¿De acuerdo?

Me ocurre otro ejemplo divertido del uso lingüístico del “perder” y “ganar” y sus consecuencias culturales. Al engordar se decía antes “ganar kilos”, y al adelgazar, “perder kilos”, es decir, que lo bueno era engordar (“ganar”) y lo malo el adelgazar (“perder”). Eran tiempos de pocas calorías en el menú, y lo sano y lo elegante y lo atractivo era estar gordo. Me acuerdo de un anuncio de mi niñez que mostraba a una pareja de hombre y mujer muy delgaditos con el letrero “Antes de tomar el chocolate Matías López”; y debajo la misma pareja, los dos bien gorditos, con la leyenda “Después de tomar el chocolate Matías López”. Los de mi edad se acordarán de ese anuncio. Es decir, que el chocolate Matías López engordaba, y ese era precisamente su mayor atractivo. (Tomen nota las agencias publicitarias.) Eso era hace mucho en el siglo pasado. Ahora es al revés. Se anuncia el chocolate dietético que no engorda. Bajo en calorías. Ahora el “perder” kilos es lo bueno, y lo llamamos adelgazar. En los jóvenes para cuidar la figura, y en los mayores para cuidar la salud. Antes el “ganar” kilos era bueno porque los “kilos” eran buenos. Ahora son malos. Antes se compadecía a quien preocupadamente decía que había perdido kilos, y ahora se felicita a quien regocijadamente presume de haberlos perdido. “Antes y después de tomar el chocolate Matías López”. ¿Qué habrá sido de aquel chocolate de nuestra niñez? Ahora habría que invertir el orden de la pareja flaca y gorda.

El libro “La primera vez” de Esther Porta recoge profesionalmente testimonios de jóvenes, ellos y ellas, sobre la primera vez que tuvieron sexo, ya fuera esto antes o después de su boda, y son muchos los (y más las) que dicen que la primera vez no fue satisfactoria, y bastantes los (y más las) que la encontraron traumática, debido, entre otras cosas, al concepto de perder la virginidad. Y Richard Branson, fundador de la marca “Virgin” desde discos hasta líneas aéreas, titula su autobiografía, con humor británico, “Losing My Virginity” (Cómo perdí la virginidad). El humor es el mejor enfoque.

Habría que consultarles a mis amigos parsis sobre esto del perder la virginidad. También ellos se caracterizan por lo que ha llegado a llamarse en la India “humor parsi”, y entienden bien la comida y el sexo. Quizá a quienes no convenga tanto consultar serían los jainistas por si tienen del sexo ideas de abstinencia parecidas a las que tienen sobre las comidas. Que sí las tienen. Hay religiones para todo.

Por cierto, me olvidé de advertir que los parsis no admiten conversiones.