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  atrás - ME CONTÁIS - 15/05/09



Me peguntáis una vez más sobre la homosexualidad. Siempre os he contestado en privado, y hoy por primera vez contesto aquí. Quiero ser fiel a la Iglesia y a la realidad al responder. Ante la Iglesia la condición de ser homosexual no supone inferioridad ninguna, pero no puede ejercerse sin pecado. La Biblia rechaza y condena la práctica homosexual explícitamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Yo crecí con ese mismo rechazo cuando apenas ni se hablaba del tema. Pero ahora se habla y se conoce y se comenta y se saben nombres y hay que seguir en contacto con la realidad. La situación ha cambiado.

El semanario católico inglés THE TABLET propuso hace poco una comparación que me permito citar. Según el artículo, primero se inventó el juego del fútbol, y una de sus reglas era que, aparte del portero, los jugadores no pueden tocar el balón con la mano. Si lo hacen, pita el árbitro y es falta. Luego se inventó el rugby, parecido al fútbol sólo que se toca el balón con la mano, pero el árbitro no se enteró y cuando los jugadores tocaban el balón con la mano en el rugby, pitaba falta como en el fútbol, lo que hizo imposible el juego de rugby. Hasta que se enteraron los árbitros. Así, dice el semanario, antes el sexo era oficialmente solo heterosexual (digamos, el fútbol), pero ahora ha salido a la superficie el homosexual (el rugby que es parecido pero algo distinto), y el árbitro sigue pitando falta según las reglas del fútbol. Humor británico. Que se lo piense el árbitro.

Cuentan de un confesor que cuando alguien se confesó de practicar la homosexualidad, quiso enderezarle y le dijo: “Mira, hijo, si tienes que pecar, peca; pero peca como Dios manda.” También con humor.

Ahora más en serio. Resulta difícil creer que Dios, ya de nacimiento o ya por las circunstancias en que la persona se crea, pone en el cuerpo y en la mente del homosexual una tendencia radical, intensa, y profunda, y luego le dice que si actúa según ella, le ofenderá gravemente y lo tendrá que mandar al infierno por toda la eternidad si no se confiesa. Y la confesión para ser verdadera ha de conllevar propósito de enmienda. Es decir, enmendarse de como Dios le hizo. Es difícil de entender.

Leí de un cardenal que dijo que Dios, al hacer a una persona homosexual, le da la vocación al celibato. El dicho del cardenal es contrario a los hechos.

Como en todo, respeto tanto a los que lo prohíben como a los que lo practican. Y delicadeza con todos. Ya me diréis si estáis de acuerdo.