El periódico de hoy trae titulares: “El nuevo bachillerato permitirá pasar de curso con la mitad de las materias suspensas.” Otro periódico editorializa: “El gobierno se lo pone fácil a los muchachos.” Otro: “Graduados a medias.”
Cuando yo enseñaba matemáticas en la universidad en la India les ponía de cuando en cuando a mis alumnos un problema para que lo resolvieran allí mismo en clase cada uno por su cuenta y lo comentáramos. Les preguntaba: “¿Lo queréis fácil o difícil?” Me contestaban a una voz; “¡Difícil!” Y solo desde atrás del aula se oía a algún rezagado que murmuraba por lo bajo: “Fácil.” Los muchachos y muchachas lo querían difícil. Yo también.
Cuando me examiné de la reválida de 7º a los 17 años en la universidad de Oviedo, el profesor en el examen oral de matemáticas me hizo una sola pregunta: “El binomio ‘a menos b’ elevado al cubo.” Es pregunta de párvulos. Cuando al examen se llevaba ya el cálculo diferencial e integral que yo había preparado con esmero, resultaba ridículo insultar a la pizarra con esa elemental expansión algebraica. Le dije tímido: “Señor, sé más.” “Anda, vete” respondió el profesor, “ya has aprobado.” Pero yo no quería un aprobado. Quería un sobresaliente.
Esta mañana al pasear me he cruzado con una madre y dos hijos de camino al colegio. La madre arrastraba los dos maletines con ruedas de los libros y cuadernos escolares de sus hijos, uno con cada mano, lo que le resultaba un poco incómodo por el tráfico infantil mañanero y más aún porque al ser los maletines para niños tienen las alargaderas de las asas a su medida con lo que la buena mujer, que era algo alta, tenía que andar encorvada al arrastrarlos. Los dos chicos saltaban y correteaban libres y alegres por delante. Lo sentí por la madre. Y más aún por los hijos.
Son varias y complejas las causas por las que los jóvenes de hoy no responden a las mejores expectativas de quienes los queremos de veras. Una de ellas es que no les exigimos.
¿Harán lo mismo los gobiernos más adelante con las carreras, con la carrera de ingeniero, de abogado, de medicina? ¿Podrán graduarse algún día los médicos con la mitad de las asignaturas suspensas? Dentro de pocos años, antes de pasarse por el quirófano habrá que preguntarle al joven cirujano qué operaciones se dejó suspendidas en la carrera. Por si acaso.
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