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  atrás - ME CONTÁIS - 15/04/09



No me extraña tu pregunta, Juan Ignacio. En charlas, en discusiones, en conversación sobre el más allá siempre sale alguno que no cree en el infierno. Tema caliente. ¿Cómo puede Dios enviar al infierno a una persona para atormentarla cruelmente por toda la eternidad? Y eso aun por un solo pecado mortal no perdonado. No hay proporción entre un pecado humano y tal castigo divino. Pues mira, hace muy poco me han dado el argumento más divertido que conozco contra el infierno. Te va a divertir. Se basa en la Regla de Oro del evangelio y de todas las escrituras de todas las religiones, que en su expresión más sencilla dice, “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Dios no querría que a él lo mandasen al infierno a sufrir por toda la eternidad, y en consecuencia él –si quiere guardar la regla que él mismo puso– no puede hacerle a otro lo que no querría que le hicieran a él. Es su propia Regla. ¿Te convenció?

Cuando se toca este tema, alguien sale siempre con otra solución. Sí que existe el infierno, pero está vacío. Esto salva el honor de Dios y de la Iglesia, ya que la existencia del infierno aparece muchas veces en la Biblia y es dogma de fe para los católicos, y quien la niegue se hace hereje y se irá al infierno por no haber creído en él, que es el colmo, así es que la existencia del infierno se mantiene a toda costa; y por el otro lado salva también el buen pensar de muchos que no conciben tal castigo, ya que el infierno sigue vacío. Incluso algunos citan a Pascal que por lo visto lo dijo ya. Existe pero está vacío. Todos contentos.

La lástima es que eso no es verdad. Aunque lo diga Pascal. No está vacío. Se olvidan los que repiten el dicho que los ángeles separados, los demonios, muchos y angelicales en su origen, ya están allí. Calentando las calderas y afilando sus tridentes. Con cuernos y rabo. El infierno ya tiene inquilinos desde hace tiempo. Además resultaría ridículo que Dios nos estuviese amenazando toda la vida con el infierno, para luego decirnos que era solo una broma. Y luego todo el gasto considerable del mantenimiento de las calderas, del aceite hirviendo, de tanto espacio durante tantos siglos y edades, sobre todo ahora en tiempo de crisis financiera, si todo iba a ser para nada. Vamos, que eso de que hay infierno pero está vacío no encaja. Aunque muchos lo digáis tan satisfechos.

Quizá la solución sea humildad y sencillez y reconocer que no sabemos mucho de lo que nos espera por allá y confiar en que Dios sí se las arreglará para hacer converger a su justicia con su misericordia infinita. Ya lo veremos. Desde el cielo.

Mientras tanto el mejor enfoque es el humor. Cuando yo era joven se guardaba la abstinencia de carne los viernes, y comer carne el viernes era pecado mortal. De infierno. Más tarde esa norma desapareció y se recomendó en su lugar hacer alguna obra buena como el dar limosna o leer la Biblia o visitar una iglesia o ayudar a alguien, siempre sin carga de pecado. Y se podía comer carne. La revista The New Yorker publicó entonces un chiste con dibujo de Satanás en su trono ante sus diablos consejeros que les preguntaba preocupado entre fuego y humo en el infierno: “¿Qué hacemos ahora con los que están aquí por haber comido carne el viernes?”

Y yo puedo contar algo que me pasó a mí mismo oyendo confesiones (y sin faltar a ningún sigilo). Por aquellos tiempos de hace ya muchos años se vino a confesar conmigo un hombre que no se había enterado del cambio de norma y se acusó de haber comido carne el viernes. Le di la absolución, ya que en su conciencia había cometido un pecado pues creía que lo era, pero también le expliqué para el futuro que el papa había cambiado las normas, y que eso ya no era pecado y podía comer carne tranquilamente los viernes. Me contestó indignado: “El papa dirá lo que quiera, ¡pero los viernes no se puede comer carne ni se podrá nunca!” Más papista que el papa. Le puse una buena penitencia.