Conocí y aprecié en vida a Swami Abhishiktánanda, nombre que tomó en la India el monje benedictino francés Henry le Saux, y ahora me encuentro con algunas anécdotas suyas en el libro Abhishiktananda in The Cave of the Heart by Shirley du Boulay, Orbis Books, New York 2005.
Una monja católica india, la Hermana Vándana a quien también conocí y que se formó con él, dice de él: ‘Era un gran contemplativo que podía hablar sobre el silencio veinticuatro horas al día.’
Dio muchas clases a muchos alumnos, pero aparte de sus estudiantes solo tuvo un discípulo que le siguió en su meditación y en su vida, el joven seminarista francés Marc Chaduc que tomó el nombre de Ayatánanda. Abhishiktánanda lo condujo a los Himalayas que en la India se consideran como la cuna de monjes y santos. Allí pasó varios años en pleno ascetismo monástico, hasta que un buen día desapareció y no se volvió a saber más de él. Abhishktánanda decía de él: ‘Le enseñé el camino de la iluminación, pero nunca pensé que se lo iba a tomar tan en serio.’
Decía: ‘Las sátiras de Isaías en contra de los fabricantes de ídolos de madera y oro se aplican igualmente a los que se fabrican ídolos conceptuales. El hombre sencillo esculpe una madera y se postra ante ella diciendo, ‘Tú eres mi Dios.’ El intelectual esculpe un concepto y hace exactamente lo mismo. Con mucho mayor peligro.’
Su lema era: ‘Despiértate. Despierta a Dios.’ Se pasó años en las cuevas del Monte Arunachala bajo las enseñanzas de un guru hindú de gran santidad, Shri Ramana Maharshi de Tiruvanamalay en el sur de la India. Yo visite también ese sitio sagrado, que es maravilloso, pero no me quedé en las cuevas. Sí tuve una entrevista personal con Swami Abhishiktánanda y me quedó en la memoria un gesto suyo. Hablábamos en inglés pero en un momento se pasó al hindi al citar lo que la gente decía de él. Me dijo: ‘La gente sencilla en la India me escucha, porque dicen que les hablo “desde el corazón”.’ Y se llevó la mano derecha al pecho sobre el corazón. Se me quedó grabado. Las palabras en hindi también.
Por si os ha chocado la terminación de los nombres de los monjes en ‘ánanda’, os la explico. ‘Anand’ es ‘alegría’, y se usa como sufijo al final del nombre de todo monje, sea el nombre que sea. Bella manera de recordarnos, al monje mismo y a todos nosotros, que la verdadera vocación del monje es la alegría. ‘Abhishikta’ quiere decir ‘ungido’, ‘ungido’ en griego es ‘christós’, de donde viene Cristo, El Ungido. Abhishiktananda es, en consecuencia, la Alegría de Cristo. ‘Ayat’ quiere decir ‘no nacido’. El no nacido es el que no tiene principio. Dios. ‘La Alegría de Dios.’ Yogánanda es La Alegría del Yoga, y Parmánanda’ es La Alegría Suprema. Todo es Alegría.