Gracias, Donald, por el libro que me has enviado. Me gustan las autobiografías aunque sean de drogadictos. Para que veas que lo estoy leyendo te cito lo que acabo de leer en él. Después de pasar una temporada en la cárcel, el protagonista se reúne con su grupo y pronto nota una cosa. La ropa que compra al salir de la cárcel no encaja con la de sus compañeros. La moda había cambiado en poco tiempo y él no la había seguido desde la cárcel.
“En cuanto me encuentro con ellos caigo en la cuenta que mi ropa no es la que debe ser. Como acabo de salir de la cárcel no tengo idea de cual es el ‘look’ que impera, y tampoco tengo dinero para permitírmelo. Llevo un jersey que encontré barato. Menos mal que es oscuro. Pero lleva una raya blanca de lado a lado, y sé que eso está mal. A juzgar por la manera como los compañeros me miran veo que está muy mal. [Roba, saca algún dinero, lo primero que hace es cambiar de ropa.] Ahora puedo permitirme el reinventarme. Todo lo que llevo es oscuro, a tono. Botas negras Caterpillar, pantalones de lona azul oscuro, jersey de cuello alto negro. Tiro a la basura delante de todos el jersey de la raya blanca. Neil me aplaude, y eso me hace sentirme bien. Ya soy uno de ellos.”
No recomiendo el libro y por eso no cito su título. Es muy duro y hace sufrir. Pero sí revela rasgos que nos ayudan a entendernos mejor entre generaciones. Uno de ellos es la moda joven. El joven ha de estar alerta para seguir la moda porque es el certificado de identidad y el pasaporte para el grupo. Por eso cambia constantemente, aunque los mayores no nos demos cuenta de ello, para ir cambiando la identidad del grupo, la imagen ante la sociedad, la pertenencia a la juventud. Por eso cambia la moda, y cambia tan rápida. Hay que renovar el pasaporte.
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