“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.”
(Lucas 1:26-27)
El ángel y la doncella. El cielo y la tierra. La propuesta y el sí. Y el Hijo del Altísimo que reinará desde el trono de David sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. Claridad en el diálogo; delicadeza en la expresión; sobriedad en el trato. El pacto más sagrado de la historia del género humano queda sellado en breves frases con acuerdo rápido. El ángel dice exactamente lo que ha de decir; la doncella lo entiende y expresa su aceptación. Y el ángel se va.
Gabriel, ángel de los comienzos, patrono de toda obra buena, anunciador de amaneceres, propiciador del sí. Yo no voy a hacer grandes cosas en mi vida, pero sí deseo que tú inaugures con tu presencia los pequeños proyectos que yo emprenda. Quiero sentir que cada obra mía, por pequeña que sea, viene de Dios, y por eso deseo que tú me la expliques, que tú me invites. Visítame con tus iniciativas, inspírame con tus planes, hazme caer en la cuenta de que las ideas que yo concibo para escribir un libro no vienen de mí sino de más arriba, que lo que mi cabeza me dicta se lo ha sugerido a ella antes un murmullo de alas que vienen de lejos, que mis pequeños trabajos son parte ínfima y mínima pero real y viva de ese plan soberano que tú le revelarte un día a esa doncella querida en su casita de Nazaret.
Mis esfuerzos son parte de esa tarea, mis actividades fluyen de esa corriente, mis proyectos se inspiran en esa empresa. Mi pequeña historia se enmarca en esa gran historia, mis breves capítulos se anotan en su largo índice, mi vida late humilde en su vida. Sin tu visita a Nazaret no llegarían esos pensamientos a mi mente, esos sentimientos a mi corazón ni estas palabras a mi pluma. Tú estás al comienzo de todo, ángel Gabriel, y yo te ruego sigas estando al comienzo de todo lo que yo haga y diga y escriba. Tú sabías dónde estaba Nazaret, y sabes en cada momento donde estoy yo. Te espero, ángel de los comienzos de todo lo bueno. Vuelve a venir.
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