Me has hecho reír, Ángela. No sé cuándo me tocará morirme, desde luego, y cuando cumplí los 80 declaré que ya tenía derecho a hacerlo sin queja de nadie; he vivido una vida llena, he enseñado, viajado, hablado, he escrito más de cien libros, llevo diez años en la Web, he ayudado, animado, acompañado a muchos y estoy rodeado de imágenes de angelitos que he ido recogiendo a mi paso por lugares exóticos. Voy bien acompañado. Pero tu correo me ha alegrado. Te expresas con cariño, y eso llega al alma.
Y luego ha venido lo divertido. Te he contestado enseguida, como lo hago siempre, en persona, dedicadamente, fielmente, pero al ir a enviarte el mensaje de vuelta he caído en la cuenta de que no llevaba tu dirección. Cuando alguien me escribe directamente, basta con darle a RESPONDER, y el mensaje va a la dirección de donde venía. Pero cuando me escribís desde mi Web tenéis que poner vuestra dirección como se pide allí, pues si no mi respuesta me llega a mi misma Web y no tengo manera de llegar a quien me escribió, y ya ha pasado eso con frecuencia y me apena cuando sucede. Pero como me ha gustado tu mensaje no quiero dejarlo sin respuesta, y aquí la reproduzco por entero, copiando antes tu mensaje y después mi respuesta, tal como te la había escrito. Entiendo que tu referencia es al cariño que he recibido en mi vida y del que hablé en mi Web anterior del 1 de febrero.
Me escribes: “También el cariño te puede llegar y puedes sentirlo a través de estas mismas páginas cada quincena. Desde hace un poco de tiempo, cada vez que intento abrir su página, me asalta la duda, ¿será esta la última? Por la edad de D. Carlos, quizás nuestro Padre Dios se lo quiera llevar con Él. Entonces me viene un desasosiego grande y me pregunto ¿Quién me ayudará con sus sabios consejos, quién me contará cuentos y vivencias tan llenas de ternura, y cómo me acompañarán mis Ángeles, si aquel que me los hizo descubrir, ya no está? A continuación pienso que como siempre nos dice tenemos que vivir el presente y que por ahora y Dios quiera que por muchísimo tiempo lo tengamos entre nosotros y nos pueda seguir enseñando, consolando, contándonos sus vivencias tan llenas de moralejas y sobre todo dándonos su ternura y su cariño a través de Internet. Con todo cariño y por mucho tiempo, a mi Ángel. Ángela.”
Te contesto: “Merece la pena haber vivido aunque solo sea por recibir estas líneas, Ángela. El cariño es lo que más vale en la vida, y atesoro esas experiencias como viste precisamente en mi Web anterior de 1 de febrero en el párrafo ‘Dosis de ternura’. Te recuerdo mi propia frase allí: ‘Necesito dosis de ternura para paliar la dureza darviniana de la lucha por la existencia.’ Y es bello descubrir que la ternura se puede percibir por Internet. Gracias por esa revelación, Ángela. Abre el corazón. Los hombres nos preciamos de ser recios, y los jesuitas más aún. Dicen que Voltaire dijo de nosotros: “Entran sin conocerse, viven sin amarse, mueren sin llorarse.” Claro que Voltaire es algo volteriano y se pasa, pero no somos especialistas en ternura. Nos ayudamos, estimamos, apoyamos, y haríamos cualquier cosa por un compañero, pero recortamos sentimientos. Y quizá no solo nosotros. Me acaba de escribir una buena monja que la va muy bien en su vida religiosa pero no se siente amada por sus hermanas. Somos recatados porque conocemos los peligros, pero por eso mismo aprecio yo la manifestación directa, sencilla, sentida, humilde, delicada, atrevida y recatada de afecto sincero. Tony de Mello nos repetía: ‘Si quieres a alguien, díselo.’ Tan sencillo, tan divino, y tan humano. Y en inglés nos repetía mucho la frase
“Take it in!”, cuando alguien nos manifestaba afecto, que en castellano sería nuestra bella expresión, “¡Dejate querer!” Tu mensaje me ha despertado esos sentimientos. Y aprecio los sentimientos más que las ideas. Gracias, Ángela. Un beso. Carlos.”