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  atrás - ME CONTÁIS - 15/02/09

Me alegro que alguien haya notado que me he saltado un salmo en la serie. He pasado del 49 al 51. Pobre 50. ¿Qué le pasó? Es nada menos que el célebre Miserere. Está muy bien en su momento, y ha inspirado a músicos y a pecadores en todos los tiempos, pero ya conocéis mi desacuerdo con el complejo de culpa que se nos ha metido dentro y que se presta a toda clase de manipulación de miedo e inferioridad a lo largo de nuestra vida. Desde el nacimiento. Como dice ese salmo:

“Mira que en culpa ya nací,
Pecador me concibió mi madre.”

Llamar pecador a lo más inocente y tierno del mundo que es un niño recién nacido no me parece aceptable. Es un oprobio y un condicionamiento de por vida. Antes nos bautizaban enseguida por miedo de que muriéramos antes del bautizo y no pudiéramos ir al cielo. Para eso inventaron el Limbo. Ahora han suprimido el Limbo, con lo cual el niño, aun no bautizado, puede ir al cielo. ¿Como pecador recién concebido? Pobrecito. Si le han abierto las puertas del cielo al bebé inocente, quitémosle el agravio también.  

Pero sí me gustan los versos al final del salmo:

“Vuélveme la alegría de tu salvación,
y en espíritu de nobleza afiánzame.”