“He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el ángel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice el Señor de los ejércitos.”
(Malaquías 3:1)
Este es el último ángel del Antiguo Testamento. Justo una página antes del Evangelio de Mateo. Habla del mensajero que allanará el camino delante del Señor, frase que Jesús mismo aplicará a Juan Bautista su precursor: “Jesús se puso a hablar de Juan a la gente: ‘Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, el cual te preparará por delante el camino. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista’.” (Mateo 11:7,10-11) Habla de la llegada del Señor a su Templo, profecía que también cumple Jesús al ser llevado ya desde niño al Templo de Jerusalén y consagrarlo con su presencia y su palabra. Y habla también del “ángel de la alianza”, término general que abarca la alianza del pueblo de Israel con Yahvé en el Antiguo Testamento y la alianza mucho más íntima traída por Jesús en el Nuevo Testamento, con la alianza también entre los dos Testamentos en esta mención del último libro del Antiguo Testamento citada en el primer libro del Nuevo. La Biblia es una unidad en sí. Y los ángeles custodian esa unidad.
Los ángeles que inspiraban a los profetas de Israel están esperando aparecerse a los pastores de Belén, y los mensajeros celestes que anunciaban victorias militares a reyes de Israel están ansiando proclamar la victoria definitiva de la resurrección de Jesús ante los hombres y mujeres del nuevo pueblo de Dios. La historia de la salvación continúa.
En esa continuidad está el fundamento de nuestra confianza y la firmeza de nuestra fe. Dios es el mismo. Jesús es el mismo “ayer, hoy, y para siempre” (Hebreos 13:8). Las profecías de antaño son realidad de hoy, y la promesa de los siglos se cumple en nuestros días. La presencia de ángeles es vínculo garante en las largas jornadas de la humanidad. Ellos guardan la historia, vigilan el presente, y alcanzan la eternidad. Los ángeles son el marco de nuestra historia, el surco de nuestras faenas, el horizonte de nuestro caminar. Con ellos tiene sentido nuestro afán, dirección nuestros pasos, y seguridad nuestra esperanza. El “ángel de la alianza” es la garantía de nuestra fe. El pueblo de Dios sigue peregrinando en compañía de ángeles. El ángel de la alianza sigue con nosotros.
|