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atrás - ME CONTÁIS - 15/01/10 |
Más cuentos de los que me habéis contado del Mulá Naserudín a vuestra vuelta de Samarkanda.
Un día Naserudín estuvo a punto de caer en un estanque. Un transeúnte le salvó en el último momento. En lo sucesivo, cada vez que se encontraban, el hombre recordaba a Naserudín que le había salvado de mojarse. Por fin, incapaz de aguantarlo por más tiempo, el Mulá llevó a su amigo al estanque, se sumergió en él hasta el cuello y gritó: ‘¡Ahora estoy tan mojado como lo hubiera estado de no haberte visto nunca! ¿Me dejarás en paz de una vez?’
Un discípulo le pregunta a Naserudín por qué está soplando sus manos.
- Para calentarlas, naturalmente.
Poco después, Naserudín llena dos tazones de sopa y sopla sobre el suyo.
- ¿Por qué haces esto, Maestro?
- Para enfriar la sopa, naturalmente.
- ¿Cómo es que soplas para calentar una cosa y enfriar otra?
- Porque mis manos no son mi sopa.
Un día Naserudín pidió dinero a un hombre rico.
- ¿Para qué lo quieres?
- Para comprar un elefante.
- Si no tienes dinero, no podrás mantener a un elefante.
- He pedido dinero, no consejos.
Naserudín tenía dos esposas, una mucho mayor que la otra.
‘¿A cuál de nosotras amas más?’ preguntó la esposa mayor un día.
‘Os quiero a ambas igual’, contestó Naserudín sabiamente.
Ella, no satisfecha con esta repuesta, continuó:
‘¿Si las dos fuésemos víctimas de un accidente de barco, a cuál de nosotras recatarías primero?’
‘Tú sabes nadar, ¿no?’ contestó Naserudín.
Naserudín había perdido su burro. Mientras lo buscaba, repetía ‘Gracias a Dios, gracias a Dios’.
- ‘¿Por qué le dais gracias a Dios?’ le preguntaba la gente.
- ‘Porque si yo hubiera estado montado en mi burro me habría perdido yo también.’
Otro día Naserudín volvió a perder el burro, pero esta vez no hacía nada por encontrarlo. La gente le dijo:
- Ve a buscar al burro, porque siempre te representan con él, y sin él nadie te reconocerá.
- Eso quiere decir que mi burro es famoso por mi causa.
- Exactamente.
- Pues id y decidle que si no viene se perderá toda esa fama, y vendrá corriendo.
Un día un hombre le pidió al Mulá que le escribiera una carta que él le dictaría. ‘¿Dónde quiere que vaya la carta?’ preguntó el Mulá. ’A Bagdad’, dijo el hombre. ‘Pero yo no puedo ir a Bagdad’, protestó Naserudín. ‘Es que usted no tiene que ir a Bagdad, solo irá la carta’, explicó el hombre. Pero el Mulá le explicó a su vez, ‘Yo tengo muy mala letra y nadie puede leer lo que yo escribo. Por eso tendré que ir a Bagdad para leérsela a ellos.’
Todos los días Naserudín iba a pedir limosna a la feria, y a la gente le encantaba hacerlo pasar por tonto con el siguiente truco: le mostraban dos monedas, una que valía diez veces más que la otra. Naserudín siempre cogía la de menor valor. La historia corrió por todo el condado. Día tras día grupos de hombres y mujeres le mostraban las dos monedas, y Naserudín siempre se quedaba con la de menor valor. Hasta que apareció un señor generoso, cansado de ver a Naserudín siendo ridiculizado de aquella manera. Lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo: ‘Siempre que te ofrezcan dos monedas, escoge la de mayor valor. Así tendrás más dinero y no serás considerado un idiota por los demás.’ – ‘Usted parece tener razón’, respondió Naserudín, ‘pero si yo elijo la moneda mayor, la gente va a dejar de ofrecerme dinero para probar que soy más idiota que ellos. Usted no se imagina la cantidad de dinero que ya he ganado usando este truco. No hay nada malo en hacerse pasar por tonto si en realidad se está siendo inteligente.’
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