carlos@carlosvalles.com
  --- PÁGINAS ANTERIORES ---  
 

 

atrás - ÁNGELES - 15/01/08

“Los babilonios echaron a Daniel en el foso de los leones, donde estuvo seis días. Había en el foso siete leones a los que se les daba diariamente dos cadáveres y dos carneros; entonces no se les dio nada, para que devoraran a Daniel.

Estaba a la sazón en Judea el profeta Habacuc: acababa de preparar un cocido y de desmenuzar pan en un plato, y se dirigía al campo a llevárselo a los segadores. El ángel del Señor dijo a Habacuc: lleva esa comida que tienes a Babilonia, a Daniel que está en el foso de los leones.” “Señor – dijo Habacuc – no he visto jamás Babilonia ni conozco ese foso.” Entonces el ángel del Señor le agarró por la cabeza y, llevándole por los cabellos, le puso en Babilonia, encima del foso, con la rapidez de su soplo. Habacuc gritó: “Daniel, Daniel, toma la comida que el señor te ha enviado.” Y dijo Daniel: “Te has acordado de mí, oh Dios mío y no has abandonado a los que te aman.” Y Daniel se levantó y se puso a comer, mientras el ángel de Dios volvía a llevar al instante a Habacuc a su lugar.”
(Daniel 14: 31-39)

Otra vez Daniel. Aunque esta vez quien se lleva al ángel es Habacuc. O mejor dicho, el ángel lleva a Habacuc. Agencia de viajes instantánea. Lo toma por el cabello y lo deposita con toda delicadeza sobre la fosa donde hay siete leones y un profeta hambriento. Catering a domicilio. Tiene gracia la reacción de Habacuc ante el mandato optimista del ángel de que vaya a Babilonia. “No sé dónde está Babilonia ni conozco el foso.” Y el ángel actúa inmediatamente. Transporte arreglado. De ida y de vuelta. Solo le queda a Habacuc volver a cocinar el cocido.

Ángel mío, sé que me quieres llevar a muchas partes y hacerme decir muchas cosas y hacer muchas cosas. De acuerdo. Pero no te creas que con decírmelo ya está todo hecho. No tengo ni idea de dónde está Babilonia, y menos de por dónde cae el foso de los leones. Tampoco tengo ya ni mucho pelo para darte agarradera suficiente. Pero sé que tú te arreglarás. Llévame a donde tú sabes que yo debo estar, y hazme hacer lo que sabes que debo hacer. Yo pondré de mi parte el cocido que sé preparar, y estaré encantado de dárselo a quien lo necesite más que yo. De lo demás, encárgate tú, por favor.

Ángel viajero, acompáñame siempre en mis viajes.