| |
atrás - ME CONTÁIS - 01/12/09 |
Un amigo mío que ha viajado a Bokara en Uzbekistán me ha traído de allí un libro de ocurrencias del Mul-lá Naserudín que nació allí, ya que sabe que a mí me gustan sus cuentos sapienciales. Algunos de ellos:
- ¿Cuál de los dos nos es más útil, el sol o la luna?
- La luna.
- ¿Por qué?
- Porque nos da luz de noche que es cuando más la necesitamos.
Naserudín trabajaba en una tintorería. Un cliente le vino con una tela y le dijo para probarle:
- Tíñela de un color que nadie haya visto antes en el mundo.
- ¿Qué quieres decir?
- Que no sea ni blanco ni negro ni amarillo ni verde ni rojo ni rosa ni gris ni marrón ni azul ni violeta.
- De acuerdo. Entendido y aceptado.
- ¿Cuándo puedo venir a buscarla?
- Cualquier día excepto lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
Los hombres del pueblo se habían reunido y cada uno presumía que era el más fuerte. Naserudín dijo:
- Yo soy viejo, pero tengo la misma fuerza que cuando era joven.
- ¿Cómo lo sabes?
- En nuestro patio hay una gran piedra. Yo no la podía mover cuando era joven, y ahora tampoco la puedo mover. Por eso digo que tengo la misma fuerza.
Un vecino vio a Naserudín que buscaba algo afanosamente en la ladera de la colina y le preguntó:
- Mul-lá, ¿estás buscando algo?
- Sí. El año pasado reuní algún dinero y cavé un hoyo y lo escondí por aquí pero no me acuerdo del sitio exacto y no lo puedo encontrar.
- Pero seguro que te fijaste en algún indicador que te lo recordase.
- Sí, había uno. Había una nube cuya sombra caía exactamente sobre el hoyo, y estoy esperando a la nube.
Naserudín tuvo que ir a una ciudad lejana por negocios y se despidió de su mujer y sus hijos hasta tres meses. Pasados los tres meses vio que aún le quedaban asuntos por resolver en esa ciudad y tendría que quedarse en ella un mes más. Escribió una carta para decírselo a su mujer pero no encontraba a nadie con quien enviarla al pueblo. Al fin partió él mismo, llegó a su pueblo, y llamó a la puerta de su casa. Salió su mujer, quien se regocijó al verlo y le dio la bienvenida. Pero él le dijo:
- No, mira. Yo no he venido. Ha venido la persona a quien tu marido le encargó traer esta carta. Yo vendré dentro de un mes, y entonces hablaremos.
Con eso le dio la carta a su mujer, se dio la vuelta, y se marchó.
Naserudín y su mujer estaban un día de noche hablando a la luz de una vela. Vino una ráfaga de viento y se apagó la vela. Su mujer le dijo:
- Allí, a tu izquierda están las cerillas. Coge una y enciende la vela.
- ¿Pero cómo quieres que vea en la oscuridad cuál es mi izquierda?
También está el cuento, repetido en todas las literaturas, en el que Naserudín iba con su hijo y su burro, primero él montado en el burro y su hijo andando, por lo que la gente que lo veía le criticó por egoísta; entonces montó a su hijo en el burro y él se puso a andar a su lado, y también le criticaron porque el joven era quien debería ir andando, y no el viejo; luego se montaron los dos y le criticaron porque abusaba del burro.
Hasta aquí, yo conocía el cuento. Pero el final no lo conocía. Harto de tanta crítica el Mul-lá se cargó el burro a la espalda y echó a andar de esa guisa, diciendo: ‘¡Por lo menos así me dejaran en paz!’ Pero, claro, tampoco le dejaron en paz y se rieron diciendo que era el burro quien tenía que cargar con él, y no él con el burro.
Hagas lo que hagas… |