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atrás - ME CONTÁIS - 01/11/09 |
Alguien me ha contado que su mujer le había sido infiel, y en consecuencia estaba pensando en separarse. Tenía pruebas. Antes de dar el último paso, quería mi consejo. El mismo tono de su carta a mí, duro, autoritativo, auto-justificante y radicalmente condenatorio al referir el incidente, me recordó lo que siempre es verdad y podría haberlo sido especialmente en este caso. En el enfriamiento entre dos personas siempre tienen parte las dos. La ofensa más aparente puede haber sido de una, pero la menos aparente de falta de cuidado, cariño, atención, delicadeza, interés, esfuerzo por agradar y hacer feliz a la otra persona, falta menos aguda pero más extendida, puede haber comenzado por la otra. Por eso, antes que condenar la falta evidente de una, hay que examinar realistamente la conducta más diluida de la otra. También hay maridos que no saben valorar a sus mujeres, y no les consagran todo el tiempo y la atención que se merecen. Y no se dan cuenta. Y eso crea un clima que lleva al incidente lamentable. Eso no justifica el fallo de la mujer, pero sí responsabiliza también al marido. Algo así podía haber sucedido en este caso, ya que su misma carta a mí parecía más una justificación del paso que iba a tomar que una sincera petición de consejo. Y en todo caso la indicación de examinar su propia conducta era un buen enfoque para una posible reconciliación. ¿En qué he fallado yo que se te ha ocurrido ir con otro? Se lo escribí al marido en mi respuesta con toda la delicadeza que pude.
Se enfadó, desde luego. Lo tomó a ofensa. Me contestó una carta orgullosa e insultante. ¿Quién me creía yo que era él? Él no había hecho más que portarse debidamente y ejemplarmente con su mujer en todo, y ella le había fallado pasando una noche con otro hombre sin provocación alguna por parte del ofendido marido. Se indignó conmigo y no volvió a escribirme.
Sospecho que mi sospecha tenía razón de ser. Me gustaría oír a su mujer. El fallo en una relación entre dos siempre es cosa de dos.
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