Gorjeos de golondrinas
“Al entrar en el Salón de la Rectitud
el Maestro Geisha (siglo nueve)
escuchó los gorjeos de las golondrinas, y dijo:
‘Están hablando de la Realidad de las Cosas;
están exponiendo la Esencia de la Rectitud’.”
Dicen que algunos de sus monjes no le entendieron. San Francisco de Asís le hubiera entendido. Él predicó a los pájaros y por eso sabría que los pájaros también pueden predicar. Son buenos predicadores. Proclaman la alegría con la melodía de sus trinos. Despiertan el aire con su anuncio del amanecer. Dan vida a la naturaleza con las carreras de sus alas. Hacen sencillamente lo que están creados para hacer, y, al hacerlo, nos recuerdan que si todos nosotros hiciéramos también lo que estamos creados para hacer, si pensásemos, hablásemos y obrásemos como nuestra naturaleza, nuestro origen y destino nos lo piden, este mundo sería un lugar más feliz, como lo son los cielos con los pájaros y sus trinos.
Esa es la Esencia de la Rectitud: que sepamos cuál es nuestro lugar en la creación y obremos en consecuencia. En cada momento y en cada sitio. Que sepamos el alcance de nuestras gargantas, y ajustemos a ellas el tono de nuestros trinos. Esa es la Realidad de las Cosas. Las golondrinas lo saben tan bien que lo proclaman sin cesar con la fidelidad de su canto en cada una de sus notas. Saben dónde encajan en la naturaleza. Conocen su sitio. Hacen su papel. Y al hacerlo nos dan su ejemplo y nos enseñan la lección de la obediencia a nuestra misión de humanos como ellas llevan a cabo la suya de pájaros. Lección de vida en amplitud de cielos.
Yo imagino que el Maestro Geisha había preparado bien su sermón para aquel día. Había escogido sus pasajes de las escrituras, sus citas de los sabios y los santos, sus reflexiones, exhortaciones y consideraciones. Se habría pensado bien todo lo que iba a decir, habría condensado el resumen y repasado las frases clave para el efecto final. Pero al entrar en la sala, todo cambió. Tuvo el acierto y la espontaneidad de escuchar las golondrinas Esa es la gran libertad de alma de la persona iluminada que, al pensar sus propios pensamientos, sabe también escuchar a los pájaros y puede cambiar en un instante sus doctas explicaciones por los trinos de las golondrinas. Es la frescura del amanecer, el despertar de los sentidos, la unidad de toda la creación.
El secreto de la vida es trabajar fuerte en preparar el sermón, y luego estar dispuesto a cambiarlo en el momento dado por los trinos de las golondrinas. Esforzarse de lleno y saber relajarse. Tener pensamientos originales y estar preparado a aprender de los demás. Concentrarse en la propia mente y al mismo tiempo escuchar a los pájaros. En cualquier trabajo y ante cualquier deber, me emplearé a fondo ante todo, y estudiaré y planearé y profundizaré y ensayaré; y luego me dejaré libre a mí mismo para responder al reto del momento con la inspiración que brinda el instante. La difícil espontaneidad que solo llega tras la preparación cuidadosa.
La pena es que recorremos la vida sin escuchar las golondrinas. Trabajamos y sudamos y obedecemos órdenes y seguimos modelos. Somos eficientes, perseverantes, exigentes con nuestro trabajo y nuestros resultados. Respondemos a la expectativa de la sociedad y a las exigencias de nuestra conciencia. Pero nos perdemos los trinos de las golondrinas. No es extraño que nuestros sermones sean aburridos y nuestra vida, rutina. La próxima vez que entremos en el Salón de la Rectitud haremos bien en mirar hacia arriba y ver los pájaros y escuchar su canto. Nos saldrá mejor el sermón. Y mejor la vida.
|