La tierra es plana
Acabo de pasar un buen rato con un buen amigo. Venía
de la India. Era jainista. Me ha traído la especialidad jainista de
los khákhada, que son unas tortas grandes, planas, circulares,
delgadas, crujientes, incoloras, inodoras, insípidas y deliciosas precisamente
porque llenan la boca sin saber a nada y satisfacen el hambre sin pensar
que se ha comido. Jainismo puro. Las hemos disfrutado mientras charlábamos.
Lo primero que me ha preguntado es una antigua duda jainista. Sus escrituras dicen que la tierra es plana. Los geógrafos dicen que es redonda. Sus escrituras añaden que el negar una sola parte mínima de ellas es negar todas, así como el echar una gota de veneno en un vaso de leche envenena toda la leche. Por eso un buen jainista debería defender que la tierra es plana. ¿Qué pensar?
A la gota de veneno y la leche le contesto citando nuestra epístola
del apóstol Santiago: "Quien observa toda la Ley, pero falta en un solo
precepto, se hace reo de todos. Pues el que dijo 'No adulteres', es
el mismo que dijo 'No mates'." (Santiago 2, 10) Una gota lo estropea
todo. Decimos lo mismo. Y luego le explico mi respuesta. Si con faltar
a un solo precepto, falto a todos, digo yo, con lógica jesuítica, que
con observar un solo precepto observo todos, porque quien hizo uno hizo
los demás también. Ya me sé el latín que "Bonum ex integra causa;
malum ex quocumque defectu", pero el latín ya no se usa, y no lo
traduzco. Y si queremos parábolas también tenemos que una gota de desinfectante
("Dettol" usábamos en la India) en un vaso de agua infectada la desinfecta
a toda. Por comparaciones, que no quede.
A lo de la tierra plana o redonda le digo que también tenemos paralelo. La Biblia dice que Dios hizo el mundo en seis días y descansó el séptimo, mientras los cosmólogos dicen que tardó un poquito más. Entendemos que los días pueden ser edades, y que la sagrada escritura no es un manual de cosmología.
La segunda pregunta es sobre la reencarnación. Me pone otra comparación. (Era indio.) Un padre con dos hijos no va, desde el principio, a ponerle a uno en una choza y a otro en un palacio. Ningún padre haría eso. Dios tampoco puede hacerlo. Por eso, si uno nace en familia rica, devota y educada, y otro en familia pobre con sida y miseria, no es porque Dios los ponga ahí arbitrariamente, sino porque uno fue bueno y otro malo en su vida anterior, y consiguientemente reciben ahora premio o castigo. La creencia en la reencarnación fomenta la justicia.
Le contesto que ese es el argumento principal a favor de la reencarnación. Luego le doy el principal argumento en contra, y para colmo le digo que me lo enseñaron en la India maestros hindúes. A quien ha nacido pobre o enfermo o -lo que en la India es peor todavía- paria, los que creen en la reencarnación le dicen que eso es por haber sido una mala persona en su vida anterior. Eso es inhumano. Bastante desgracia tiene con ser pobre, enfermo o paria, para que ahora encima vengan y le digan que se lo tiene bien merecido por haber sido malo. A su desgracia añaden el insulto. Eso es intolerable. La creencia en la reencarnación fomenta la injusticia.
La tercera pregunta es sobre las divisiones dentro del jainismo. Los
hay Sthanakvasis, Daheravasis, Digámbaras, Swetámbaras, Terapanthis,
Murtipujaks. ¿No podrían ser todos uno? Contesto. ¿Y no podríamos
católicos y protestantes y luteranos y anglicanos y adventistas y episcopalianos...
ser todos uno? Fue la plegaria de Jesús. "Que todos sean uno. Como tú,
Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para
que el mundo crea que tú me has enviado." (Juan 17, 22) Al menos tú
y yo, jainista y cristiano, somos uno en afecto y en mutuo entendimiento.
¿Verdad?
Ha sido un diálogo memorable. Él era indio en la mejor acepción de la palabra. Inteligente, respetuoso, pacífico. Nada de discutir o refutar o protestar. Solo entender y asimilar. Y yo, por mi parte, lo mismo. Nos hemos despedido como hermanos. Con mucha alegría. Quizá por ahí es por donde vaya el verdadero ecumenismo.
  |
Oír con los nervios
"¿Es posible que nos estemos envenenando con música? Mi grupo, mis amigas y yo desde que éramos adolescentes, oíamos música de baile, día y noche, y era música romántica y sentimental. Era un desear, un soñar, un ansiar, un anhelar..., y un esperar también, porque de alguna manera había una promesa: 'Un día te encontraré...'. Vivíamos envueltas en sueños.
Pero desde entonces la música ha cambiado. Sus ritmos ya no acunan o mecen o se desmayan; ahora golpean y atacan y machacan, y el sonido es tan fuerte que tienes que oírlo con los nervios. Una vez me marchaba yo de una fiesta en Nueva York porque la música era tan fuerte que yo ya no podía más, y una mujer negra que entraba entonces me preguntó: '¿Qué te pasa, cariño?' Se lo dije, y me contestó: 'Es que a esta clase de música no hay que oírla con los oídos, hay que oírla con todo el cuerpo, hay que oírla con los nervios.'
¿Con los nervios? Así que mi pregunta es, cuando alguien va y mata o hiere o tortura, podría ser que lo que le lleva al crimen sea la música que le ha enloquecido? Los chamanes han usado la música hace miles de años para crear estados especiales de sentimiento, marchas militares excitan a los jóvenes a matar, las iglesias usan música de inspiración para mantener juntos a los fieles, y es sabido también que buenos maestros espirituales usan la música para la meditación; pero es una cosa tan delicada que ha de ser usada con mucho cuidado por especialistas y en circunstancias especiales. Pero nos inundamos con música de todo tipo, nos empapamos, con frecuencia la enchufamos directamente al cerebro con máquinas diseñadas para ese fin -y nunca preguntamos qué consecuencias va a tener. Yo al menos creo -y sé que hay otros que creen lo mismo- que es hora de que nos lo preguntemos."
[Doris Lessing, Under My Skin, p. 378]
  |
Soltarse
Un hombre se perdió de noche en un edificio alto, no sabía donde estaba, confundió una ventana con una puerta, estuvo a punto de caerse por ella, pero consiguió agarrarse al alféizar por fuera y mantenerse un rato colgando a la desesperada para salvar su vida. Al fin no pudo más, hubo de soltarse y cayó. Cayó al suelo... que estaba a medio metro de sus pies.
¿Por qué les gustará a los maestros Zen contar esta historia?
Leer
"Yo leía y leía y leía. Leía para salvar la vida." [Doris Lessing]
  |
La niña y el antílope
[El kudu es uno de los animales más bellos de la creación. No he podido resistir la descripción que Doris Lessing hace de su encuentro con uno en África cuando tenía nueve años.]
"Tengo un recuerdo, un recuerdo muy particular y especial de hace muchos años. Mi hermano pequeño y yo sabíamos que a los antílopes les gusta pasar las horas de calor a la sombra de un hormiguero de montículo que ofrece un fresco refugio. Fuimos juntos sin hacer ruido a uno de esos hormigueros con huellas de animales, asegurándonos de que no pisábamos ramas caídas ni hojas secas. Encontramos un buen observatorio sobre una roca protegida por las ramas. Subimos con cuidado, ya que era un sitio que bien podía haber escogido también una serpiente. Esperamos. Eran como las seis de la mañana, y el sol acababa de salir. No era fácil para una niña de nueve años y su hermano pequeño estar sentados sin movimiento alguno. Mi hermano se divirtió imitando la llamada de las palomas. Llegaron a las ramas del árbol encima mismo de nosotros, y se posaron torciendo sus cuellos a un lado y a otro, y mirándonos a nosotros. Pero como no encontraron a ninguna otra paloma, se fueron otra vez volando.
Oímos un ligero sonido, y de repente ahí estaba. Un kudu macho, avanzando despacito por entre helechos y rocas. Se paró y miró nervioso a su alrededor. Sabía que había algún peligro, navegó su gran cornamenta en espiral, miró hacia atrás por encima del hombro, por donde el sol hacía brillar su piel. Podíamos ver sus grandes ojos líquidos, sus pestañas oscuras..., estábamos sentados sin respirar, tensos por el esfuerzo de no hacer el más mínimo ruido.
El antílope permaneció allí, alzado, nervioso, uno a dos largos minutos. Nunca habíamos estado tan cerca de un kudu vivo. No estábamos haciendo nada malo, aparte de ser niños humanos que estaban donde no debían estar, y que, probablemente, estábamos emitiendo señales de peligro sin saberlo.
El kudu seguía en su sitio, se volvió hacia el camino por donde había venido, y otra vez se volvió hacia nosotros. Estábamos viendo como el animal sentía y vivía su propia vida, las amenazas constantes, el observar siempre a un posible enemigo, siempre alerta, escuchando, volviendo la cabeza a un lado y a otro. Sí, allí estaba, en plena madurez de su belleza, había sobrevivido, y no tenía nada que temer de nosotros que no llevábamos escopeta. Pasó un largo rato, o lo que se nos hizo como un largo rato, mientras esperábamos, y el kudu miraba y escuchaba. ¿Nos estaba viendo a nosotros? Sí, pero ¿qué veía en nosotros? Su mirada seguía observando.
De repente -¿qué fue ello?- ¿un aliento de viento desde lejos? ¿O habíamos hecho nosotros algún ruido sin saberlo? El kudu se volvió y se precipitó hormiguero abajo, no con el pánico de la urgencia que ya conocíamos cuando el terror se apoderaba de las piernas de un antílope, pero lo bastante deprisa para desaparecer de ese sitio peligroso, el hormiguero, donde sospechaba algún tipo de peligro, aunque él nunca supo que no lo había habido."
(p. 115)
  |
El teatro y la vida
[Un recuerdo más de Doris Lessing:]
"Cuando Robert Shaw hizo de pareja con Mary Ure en la obra de teatro
The Changeling, llegaba el momento en que él decía de ella
en escena, '¡Yo amo a esa mujer!' Yo asistía a la representación, y
él dijo esas palabras con tal pasión que arrancó un gran aplauso unánime
del público. Todo el teatro sabía que en la vida real eran marido y
mujer. Y que se querían de verdad." (p. 328)
|