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atrás - OS CUENTO - 01/09/07

Citas auténticas de niños y niñas pequeños:
 
David, 2 años. Cuando iba a nacer su hermana, le dijeron a David que iba a tener una hermanita con la que podría jugar…. Cuando nació, David fue a la clínica y, al verla en la cuna, preguntó: “¿Y con eso tengo yo que jugar?”

Celia, 3 años. Celia quería jugar con su primo a cuentos de princesas, pero él no quería ser príncipe, ni caballero ni nada así que ella muy enfadada le dijo: “Vale, sé tú mismo y abúrrete.”

Alejandro, 4 años: Alejandro aún no sabe leer, pero un día se fue solo al salón, cogió un ejemplar del Quijote que estaba en una estantería y se sentó en el suelo. Después de un rato su padre fue a ver qué estaba haciendo Alejandro porque estaba muy callado. El niño tenía el libro abierto y lo estaba mirando muy atentamente. De repente levantó la mirada y le dijo a su padre: “Oye, papá, ¿por dónde voy?”

Kevin, 4 años: Kevin va todos los días al cole en autobús con su madre. Como ella lo lleva en brazos, le parece injusto pagar dos billetes, así que le dijo al niño: “Kevin, si te preguntan la edad, dices que tienes 3 años.” Un día se encontraron con una vecina que le preguntó a Kevin: “Guapo, ¿cuántos añitos tienes?” El niño miró a su madre y le dijo: “Mamá, ¿le digo la del autobús o la de verdad?”

Sergio, 5 años: El año pasado, la noche de Reyes, la madre de Sergio le preguntó si quería dejar algo de comer a los Reyes y a los camellos. Sergio le contestó: “No, mamá. Si tienen hambre, que vayan al frigorífico.”

Paula, 4 años: Paula fue con su madre a la peluquería, donde todo el mundo le hacía carantoñas. La peluquera le preguntó: “¿Cuándo cumpliste los 4 añitos?” La niña respondió muy seria: “Pues cuando se me acabaron los 3.”

Moisés, 3 años: A Moisés le cuesta pronunciar algunas palabras. Un día le dijo a su padre: “Quiero un yogur de pfreza”. Su padre le dijo: “Si no lo pronuncias bien, no te lo doy.” Y él contestó: “Pues entonces lo quiero de plátano.”

Sofía, 5 años. Un día su madre no tomó la comunión en misa y Sofía le preguntó: “Mamá, ¿por qué hoy no te has tomado la pastilla esa que te hace estar un rato sin hablar?”

Marcos, 4 años: Un día a Marcos le enseñaron una foto de la comunión de su primo en la que salía el primo, los padres de Marcos y un obispo. Y le preguntaron: “¿Quiénes son los de la foto?” Marcos dijo: “Pues el primo José, papá, mamá…”. Y cuando llegó al obispo dijo: “Y el tío disfrazado de Batman.”

Sofía, 2 años y 6 meses: Cuando la bañan, siempre llora mucho si se le mojan los ojos al lavarle el pelo. Un día que le lavaron el pelo y Sofía ni se inmutó, su hermana mayor se sorprendió: “Sofía, hoy no has llorado.” Y Sofía dijo: “Los años…”.

Eva, 6 años: Eva decidió elaborar una lista de las cosas que tenía que hacer ese día. En el papel escribió: Comprar mantequilla, disfrutar, ver mundo y ser feliz.

Pepe, 7 años: Su madre estaba intentando que hiciera los deberes, pero Pepe no paraba de armar jaleo. Al final su madre se cansó: “Pepe, para de hacer ruido o te castigo.” Y Pepe le dijo: “Pero mamá, si luego te sientes fatal.”

Aída, 3 años: Aída tiene problemas para pronunciar la erre, así que un día le dijeron: “A ver, Aída, repite: El perro de san Roque no tiene rabo porque Ramón Rodríguez se lo ha robado.” Y Aída dijo: “El chucho no tiene cola.”

Melisa, 5 años: Melisa iba en el coche con sus padres y le dijo a su madre: “Mamá, ponme música.” Su madre le respondió: “No, que me duele la cabeza.” Y entonces dejo Melisa: “Pues pónmela tú, papá, que a ti no te duele.”

Perla, 6 años: Perla estaba con sus padres en Port Aventura. En una atracción había altura límite, así que el señor de la atracción le dijo a Perla: “No puedes subir porque eres una niña.” Y Perla le contestó: “No soy una niña, soy una mujer con problemas de crecimiento.”

Javier, 4 años: Javier y su abuela fueron a misa el Domingo de Ramos. Como se le hacía muy larga, quería irse, pero su abuela le pidió: “Espera un poquito, Javier.” Cuando pasaron el cepillo, su abuela dejó dinero, y Javier le dijo: “Vale, ya hemos pagado. ¿Podemos irnos?”

Javier, 8 años: Su madre había dado a luz, y cuando Javier vio al bebé en casa dijo: “Y este, ¿se queda con nosotros?”

David, 3 años. Un día les dijo a sus padres: “Y vosotros, cuando yo tenga novia, ¿dónde vais a vivir?”

Martha, 5 años. Los Reyes le trajeron a Martha una mesita que había pedido, y al ver la etiqueta dijo: “Mira, mami, en el cielo también hay IKEA.”

Alfredo, 2 años y 6 meses: Cuando comenzó un nuevo curso, el padre de Alfredo lo llevó a la guardería y lo presentó a sus nuevos compañeros. Cuando volvió a recogerlo, le dijo: “Venga, dale un beso a tu nueva compañera María que nos vamos.” Alfredo respondió: “¿Por qué? Si todavía no le he pegado.”

María, 3 años: Estaba María con su abuela a última hora de la tarde, todavía había luz solar, pero ya se veía la luna. De pronto María miró al cielo y dijo: “Abuela, la luna se ha equivocado.”

Unai, 8 años: La madre de Unai le explicó un día: “Pues, cuando yo era pequeña y las monjas nos pillaban comiendo chicle, nos lo pegaban al pelo.” Y Unai dijo muy serio: “Mamá, las monjas están ahora en peligro de extinción, ¿no?”

Marc, 5 años: Una noche, mientras estaban cenando, Marc estaba portándose mal y le pidió su madre: “Marc, haz el favor de sentarte como Dios manda.” Y él dijo muy serio: “Mami, Dios no manda.”

Guillermo, 5 años: Su madre intentaba despertarle un lunes para ir al cole y después de llamarlo varias veces dijo Guillermo: “Espera, mamá, que solo me falta un ojo para despertarme.”

(Frases célebres de niños, Santillana, Madrid 2007)

Dietrich Bonhöffer, El Precio de la Gracia, p. 17 (Nachfolge, 1937)

“La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy combatimos a favor de la gracia cara. La gracia barata es la gracia considerada como una mercancía que hay que liquidar, es el perdón abaratado, el consuelo abaratado, el sacramento abaratado, es la gracia como almacén inagotable de la Iglesia, de donde la cogen unas manos inconsideradas para distribuirla sin vacilación ni límites; es la gracia sin precio, que no cuesta nada. Porque se dice que, según la naturaleza misma de la gracia, la factura ha sido pagada de antemano para todos los tiempos. Gracias a que esta factura ya ha sido pagada podemos tenerlo todo gratis. Los gastos cubiertos son infinitamente grandes y, por consiguiente, las posibilidades de utilización y de dilapidación son también infinitamente grandes.

La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin entrega, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado.

La gracia cara es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga.

Es cara porque llama al seguimiento, y es gracia porque el seguimiento a que llama es el seguimiento de Jesucristo; es cara porque le cuesta al hombre la vida, es gracia porque le regala la vida; es cara porque condena el pecado, es gracia porque justifica al pecador. Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo.”