“Unos confían en sus carros, otros en su caballería,
nosotros invocamos el nombre del Señor Dios nuestro.”
No desprecio carros ni caballos, Señor. Sé que el que quiere luchar necesita armas, y el que quiere triunfar necesita medios. Yo quiero hacer algo por ti y por tu Reino; quiero diseminar tu palabra, comunicar tu gracia, darte a conocer a ti; y para eso yo también necesito medios y me propongo tenerlos y usarlos lo mejor posible. Estudiaré las artes de la palabra, aprenderé métodos y técnicas y emplearé a fondo los medios de comunicación. Pondré los mejores y más modernos medios al servicio de tu mensaje. ¡Los mejores caballos y los mejores carros de combate para tus ejércitos, Señor!
Pero, al mismo tiempo que aprecio los medios humanos y me dispongo a aprovecharlos lo mejor posible, me abstengo de poner en ellos mi confianza, pues sé que en sí mismos no valen nada. Buscaré, sí, la eficacia, pero a sabiendas de que la eficiencia por sí sola no puede establecer tu Reino. Delicado equilibrio en la obra de tu gracia que me lleva a ser eficiente en tu causa, y luego a admitir que la eficiencia no cuenta por sí sola. Mis caballos y mis carros no son los que me han de dar la victoria. No es en ellos en quien confío.
Yo confío en ti, Señor. Has recabado mis esfuerzos, y los tendrás, con todas mis flaquezas y toda mi buena voluntad en ellos. Pero el éxito viene de ti, Señor, de tu poder y de tu gracia, y quiero dejarlo bien claro desde el principio ante ti y ante mí mismo.
“Unos confían en sus carros, otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre del Señor Dios nuestro.” |