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  atrás - ME CONTÁIS - 01/08/09


Muchas veces me habéis contado que os sentís flojos en la práctica religiosa, que ya no tenéis el fervor y la ilusión de antes, que queréis volver al diálogo personal y afectivo con Dios, a la oración emocionada, a la fe vivida en toda su intensidad como lo hacíais antes. Y muchas veces os he contestado, y vuelvo a hacerlo ahora, que la vida cambia, que la luna de miel de los recién casados no es exactamente lo mismo que las bodas de oro del mismo matrimonio, que la oración es ferviente y la hora entera se hace corta para un novicio mientras que se puede hacer larga para un religioso profeso, que la misa es maravillosa para un misacantano y puede hacerse rutinaria para un veterano, que la Madre Teresa vibraba de emoción religiosa al fundar su congregación, mientras que el resto de su vida era “un bloque de hielo” en sus prácticas religiosas como ella misma dijo.

Un buen padre provincial, en la plática anual que nos dio a la comunidad, nos dijo que habíamos de volver a “las mociones y emociones espirituales de nuestro noviciado”. La edad media de sus oyentes era 75. Hubo sonrisas discretas. Las mociones y emociones están muy bien cuando les toca, pero no les suele tocar a los 75. Sin que eso sea mejor ni peor, sino sencillamente la vida que cambia.

En la India lo tenemos bien estudiado y formulado. Dice el hinduismo que a Dios se le concibe de dos maneras: Saguna Brahma y Nirguna Brahma. Es decir, el Dios con Atributos y el Dios sin Atributos, o el Dios Concreto y el Dios Abstracto, y que el camino espiritual lleva del primero al segundo. El Dios Concreto es para nosotros el Jesús hecho hombre, el amigo, con quien hablamos y dialogamos con toda confianza, a quien nos quejamos y suplicamos, el que escucha nuestras oraciones y las cumple, al que recibimos en la eucaristía, a quien conocemos plenamente y tratamos familiarmente, a quien alabamos y damos gracias, y todo eso está muy bien a su tiempo. Pero ese tiempo no dura para siempre. El Dios Concreto es el de las primeras etapas de la vida espiritual, y ayuda mucho en los principios pero es demasiado antropomórfico y no dura para siempre. Viene a ser lo que san Pablo les dice a los Corintios que al principio les da leche, y luego alimento sólido (1 Corintios 3:2). El Dios Abstracto es el de la vida espiritual más adelante. El Absoluto, el “por aquí no hay camino” de san Juan de la Cruz, la Noche Oscura del Alma, la Nube del No Conocer, El No Es Esto No Es Esto, El Trascendente, El Sin Segundo, El Totalmente Otro. Tan legítimo como el Concreto y tan necesario. Y el progreso espiritual, nos dicen, está en pasar del Concreto al Abstracto como, nos dicen, les pasa a los santos. Enhorabuena por haber llegado ahí. Y hasta la próxima vez que tenga que repetirlo.