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“El ángel de Yahvé dijo a Elías, el tesbita: ‘Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria y diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel que vosotros vais a consultar a Baal-Zebub, dios de Ecrón?’ Y Elías se fue.” (2 Reyes 1:3)

Este es el ángel que necesitamos en nuestros días de Iglesia, cuando parece haber cristianos que se olvidan de que hay Dios en Israel y van a consultar y venerar y pedir ayuda y refugio a otros dioses que no lo son y nunca lo fueron pero que atraen con el remedo del más allá a quienes vacilan en la fe de siglos y se fabrican seguimientos fugaces en ilusiones vanas. Cultos esotéricos, sectas extrañas, maestros dudosos, y profecías gratuitas. Gente en busca de nuevas emociones o redenciones fáciles, que recurren a la credulidad compartida, la promesa dorada, la enseñanza exclusiva, y la afiliación garantizada. Clientes del adivino, del vidente, de cualquier método para conocer la voluntad de los astros, ya que no la voluntad de Dios. Seguidores del último maestro y apóstoles de la última secta. Estamos rodeados de ellos por todas partes. ¿Acaso no hay Dios en Israel que vais a consultar a Baal-Zebub, dios de Ecrón?

La ocasión para este reproche surgió ante Elías en el reinado de Ocozías que regía Israel desde Samaria. “Ocozías hizo el mal a los ojos de Yahvé y anduvo por el camino de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Sirvió a Baal y se postró ante él, irritando a Yahvé, Dios de Israel.” (1 Reyes 22:53-54). Quizá en castigo, como se pensaba en Israel, tuvo un accidente en el que se cayó por una celosía de su palacio y quedó maltrecho. Envió entonces mensajeros a Ecrón para consultar a Baal-Zebub sobre su dolencia y pedir remedio. Los mensajeros parten, y el ángel de Yahvé despierta a Elías para que los intercepte y les increpe como enérgicamente lo hace el profeta. Y surge la indignación que nos llega a todos: ¿Acaso no hay Dios en Israel?

Ángel oportuno que nos despierta hoy también ante la comercialización de la religión, la proliferación de las sectas, el abuso de la credulidad, y el desgarro íntimo de los que abandonan la verdadera fe para favorecer prácticas rebajadas. Ángel que enseña al profeta a hablar claro y a denunciar el orden de cosas trastornado que vive nuestra generación con confusión general y dolor de la Iglesia. Que vuelva a bajar el ángel y que vuelva a hablar el profeta.