Es notable que todos los que me habéis contestado acerca de lo que escribí la vez pasada sobre la homosexualidad habéis estado de acuerdo. Me ha sorprendido. Solo uno ha señalado una objeción, y aun así lo ha hecho, no para oponerse sino para aclararse y pedir una explicación. La objeción de base es: El sexo es para la procreación, y como eso no se cumple en las relaciones homosexuales, quedarían prohibidas.
Eso nos lleva a la cuestión fundamental. El sexo es para la procreación. De acuerdo. Pero no solo para eso. Decir que es exclusivamente para la procreación es exagerar, y el sexo es algo mucho más profundo y complejo que solo eso. Es para fomentar la intimidad, la compañía, el matrimonio, la familia, el gozo compartido, el placer inocente. Con la limitación de siempre de no hacer daño a nadie, desde luego. Pero no solo y exclusivamente para la procreación. De hecho la mayor parte de las relaciones sexuales legítimas no llevan a la concepción. Si la naturaleza hubiera querido el sexo solo para la concepción lo podía haber hecho un poco más eficiente.
La Iglesia acepta que matrimonios pasada la edad de concebir puedan tener sexo. La mujer ha llegado a la menopausia, con lo cual no puede tener hijos, pero sí puede tener sexo con su marido. Es decir, sexo sin procreación. Y la Iglesia lo acepta. Lo mismo acepta la Iglesia para una mujer que se haya sometido a una histerectomía. Al no tener útero no puede concebir, pero puede seguir teniendo sexo en su matrimonio. Es decir, que el principio que el sexo es para la procreación es verdadero en general, pero tiene excepciones aceptadas por la Iglesia, y una más podría ser la de los homosexuales. El principio, como tal, no obsta ya que admite excepciones aprobadas por la Iglesia.
Fue san Agustín quien dio a la Iglesia su doctrina del sexo. Y la experiencia sexual de san Agustín había sido bien traumática como él mismo la cuenta en sus Confesiones. No se podía esperar de él una actitud equilibrada. Para él el sexo era algo vergonzoso y pecaminoso, y lo único que lo hacía tolerable era el engendrar nueva vida. De ahí la exclusividad de la procreación en el sexo. Una vez que se reconoce que el sexo es algo más que la reproducción de la especie, puede llegar a entenderse la situación de los homosexuales que es la que ha dado lugar a esta discusión. Repito que con prudencia y delicadeza, pero también sin temores ni escrúpulos. Ya sé que estas cosas no se dicen, pero peor es que se hagan sin decirlas. Hablando humildemente entre cristianos es como se forma conciencia cristiana.
|