Alguien me escribió que le había gustado mucho todo lo de Renoir del mes pasado (1 de mayo), menos lo de Beethoven. Si os acordáis, Renoir decía que no le gustaba Beethoven porque “no nos ahorra ni sus penas sentimentales ni sus malas digestiones, y a mí me dan ganas de decirle, ¿A mí qué me importa que usted sea sordo?”
Cito ahora aquí lo que Renoir dice a continuación: “Además es que para un músico es buenísimo ser sordo. Es una ayuda, como lo es cualquier obstáculo. ¡Degas pintó sus mejores cuadros cuando ya no veía! Mozart, que lo pasó mucho peor que Beethoven, tenía el pudor de ocultar sus preocupaciones; intenta divertirme y enternecerme con notas que parece que están desapegadas de él. Y me dice más acerca de sí mismo que Beethoven con sus sollozos escandalosos. Me dan ganas de abrazar a Mozart y de consolarlo. Después de unos minutos de música, se convierte en mi mejor amigo y la conversación toma un tono de intimidad.” (p. 204)
Así es como un pintor piensa de dos músicos. Los tres son genios. |