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Me dices: Me siento deprimido. Y llevo una temporada larga con eso. No encuentro satisfacción ni en mi trabajo ni en casa, y no es que pase nada sino que no me encuentro bien y me parece que estoy malgastando mi vida. Y a ratos me siento muy mal. Rezo y voy a misa y cumplo con la Iglesia, pero todo eso no me ayuda. ¿Qué puedo hacer para salir de la depresión?
Te digo: La depresión se ha hecho común. La depre como la llaman los jóvenes, con lo que la abreviatura al uso es testigo de la extensión de la dolencia. La depre. Como el profe, el cole, el finde. No es eso hablar con ligereza, pero sí quitarle algo de lo serio y trágico que tiene la palabra. La palabra es nueva, pero el mal es antiguo. Mi padre san Ignacio habla de ‘consolación’ y ‘desolación’. Y da unas reglas tan sencillas como eternas:
‘El que está en desolación trabaje por estar en paciencia, y piense que presto será consolado. El que está en consolación piense cómo se habrá en la desolación que después vendrá, tomando nuevas fuerzas para entonces.’ Parece sencillo, y así es la vida. El tiovivo. El columpio. Arriba y abajo, arriba y abajo. Y se trata de que cuando estemos arriba pensemos que luego estaremos abajo, y cuando estamos abajo pensemos que pronto estaremos arriba. Cuestión de equilibrio. Y un poco de memoria. Y paciencia. ‘Trabaje por estar en paciencia.’
No sé cómo de serio es tu caso. Hay casos de depresión crónica que requieren tratamiento, y el desorden bipolar mánico-depresivo que puede ser serio. Un buen profesional puede ayudar y aplicar métodos e incluso prescribir medicamentos que contrarrestan la depresión como cualquier enfermedad. Lo importante es evitar la preocupación, la obsesión, el complejo que es lo que más daña y estorba. Se trata de una enfermedad, y se ponen los remedios sin connotación moral alguna. Por qué unos son de temperamento alegre y otros de triste es cuestión de genes y de los primeros años de vida que nos marcan, pero no es ninguna falta ni defecto ni pecado ni cosa por el estilo. Sencillamente somos distintos. Cada uno debe conocerse, aceptarse, y dirigir su vida y su carácter lo mejor posible. Tú conoces tu caso y puedes dirigirlo en consecuencia. Te honra el consultarlo, y espero lo endereces bien. |