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  atrás - ME CONTÁIS - 01/04/08



Gracias, Francisco, por llamarme hoy mismo la atención al artículo de Juan Masiá SJ en el último número de la revista Vida Nueva sobre un tema que siempre me ha interesado, ya que yo estuve muy metido en él en la India. Las traducciones de Biblia y liturgia a otras lenguas. Él habla, con autoridad, del japonés. Cito de su artículo:

“La versión de la misa en japonés no ha logrado en tres décadas la aprobación definitiva de la Curia romana, y todavía se usa solo como provisional. El tema ha quedado atascado en minucias como las siguientes:

En Japón se hace una reverencia al comienzo de la misa. Besar el altar sería mal educado. No se pone la boca en el mantel del comedor. Mejor juntar las manos respetuosamente. Pero la Curia insiste en el beso.

La respuesta ‘Y con tu espíritu’ suena en japonés tan rara como ‘con tu fantasma’, pero la Curia insiste en mantener lo literal.

En japonés se dice: ‘Me reconozco profundamente en pecado’ y basta una vez. La Curia insiste en triplicar ‘por mi culpa’ y acentuar ‘máxima culpa’.

‘Creo en la resurrección del cuerpo’ se refiere en japonés a la persona entera. Pero la Curia insiste en decir ‘resurrección de la carne’, frase que provoca en japonés una imagen grosera.

Se comprenderá la perplejidad de la Iglesia japonesa ante este contencioso, y preocupará por lo que tiene de síntoma como punta de iceberg de la marcha atrás con relación al Concilio Vaticano II.”  

(Vida Nueva, 7.3.2008,  p. 18)

Lo mío fue más divertido. El obispo de Ahmedabad en la India me encargó la traducción de la Misa latina al idioma guyaratí. La hice, y he de decir que me sentí inspirado al hacerla. Pero las traducciones de textos litúrgicos, como ha sucedido con el japonés, han de ser aprobadas por Roma. Allá se envió mi traducción. El problema fue que en Roma no había nadie que supiera guyaratí. De Roma enviaron el texto de vuelta a mi obispo y le pidieron que alguien en la India retradujera mi traducción guyaratí al latín. El P. Pariza, de tanta santidad como sabiduría, se prestó a la tarea y lo hizo debidamente. Se mandó a Roma su traducción de mi traducción. Se aprobó mi traducción. Y hoy se reza con devoción en la Misa guyaratí. Yo le había dicho al obispo que, al pedirle de Roma la traducción latina de mi traducción guyaratí, les enviase sencillamente el texto original del misal latino. Se rió, pero no se atrevió.