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“El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomas contigo a María tu esposa, porque lo concebido en ella viene del Espíritu Santo.”
(Mateo 1:20)

Yo conjeturo que el ángel que se aparece a José es el mismo Gabriel. Él ha puesto en marcha el proceso de la encarnación con Zacarías y María, y lo completa ahora con José. Hace las cosas bien y no deja a medias lo que comenzó. También conjeturo que Gabriel andaba preocupado porque sabía el momento difícil por el que pasaba María, y se sentía responsable por causarle sufrimiento en su perplejidad. Ante María e Isabel había quedado perfectamente explicado el parto virginal, que fue solo motivo de admiración y de gozo en la fe respaldada por la palabra de Dios y el milagro anunciado y verificado del embarazo de Isabel. Pero José no sabía nada, y a él le tocaba muy de cerca todo esto. Estaba ya perplejo ante la situación impensable, acosado por la presión social y la angustia interna. ¿Qué hacer?

El ángel ha tenido que esperar, porque tiene órdenes de Dios y sabe que a veces Dios prueba a los que más quiere para templar su virtud y acrecentar su fe. Pero en cuanto se lo permiten de arriba, vuela a José, le explica la situación con su acostumbrada brevedad y claridad, y puede ya volver a su reino con la satisfacción de la misión  cumplida. María y José se reúnen y nace el niño a quien el ángel ya había llamado Jesús.

El ángel de la espera. El ángel de la prueba. El ángel que tiene la solución en su mano pero no acaba de llegar, y mientras tanto yo me consumo con dudas y miedos y conjeturas. El ángel de la paciencia. Bien la necesito cuando concibo proyectos y espero resultados y sufro lentitudes y anhelo que las cosas fueran más de prisa en instituciones que amo que necesitan reforma pero que miden el tiempo por siglos y alargan los plazos y retrasan explicaciones y me ponen a prueba sabiendo como sé que el ángel vendrá pero viendo como veo que no acaba de llegar. También para la espera necesito un ángel. Necesito saber que él tiene tantos deseos de venir como yo de que venga. Y en el fondo de mi alma ya lo sé porque sé fiarme de los ángeles. Que venga pronto el sueño liberador y me hable del Espíritu Santo que trae nueva vida. ¡Con qué alegría se levantó José aquel día!