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atrás - MEDITACIÓN - 01/03/10 |
Trepar a los árboles
Leo F. Buscaglia cuenta su experiencia:
‘Hace poco di una charla a un grupo de muchachos en un colegio en un distrito de California y disfruté con ellos a tope. Me invitaron a almorzar los profesores y, cuando por la tarde volví con los chicos, me dijeron que habían tenido un disgusto. Yo, por lo visto, había dicho en mi charla que si quieres conocer a un árbol tienes que trepar y subirte a él. “Encarámate, siéntate en sus ramas, escucha el viento que murmulla en sus hojas, y entonces podrás decir que conoces al árbol.” Un muchacho, al salir de la charla, se fue derecho a uno de los árboles en el jardín del colegio y trepó ilusionado. Pasó por allí el director del colegio y lo vio, y le hizo bajar al instante, y lo expulsó del colegio por quince días.’
Prohibido subir a los árboles. Es verdad que si los muchachos empiezan a trepar por todos los árboles del jardín, pronto no va a quedar ni una hoja viva ni una rama sana. El director quiere proteger la propiedad de la institución y prohíbe la aventura. Entendemos sus motivos. Pero también nos apena el ver la frontera burocrática que priva a los árboles del abrazo de los muchachos, y a los muchachos de la experiencia vital y energizante de trepar a un árbol y sentir su amistad en los altos escondrijos de su verde ramaje.
Trepar a un árbol, escalar una cumbre, zambullirse en la corriente rápida de un río en la montaña. Tumbarse en un prado salvaje, oler una flor sin arrancarla, comer la fruta madura del árbol que la ofrece. Respirar naturaleza, sentir espacios, tocar vida. Ésa es la invitación a la realidad, a la plenitud, al gozo de la tierra y al banquete de la creación. Pero nos prohíben subir a los árboles. Y nos quedamos sin la experiencia.
Imagen de vida en la naturaleza que es, una vez más, reflejo de la vida en la gracia. También aquí nos cargan de preceptos, nos imponen disciplina, nos trazan barreras; y en la práctica nos privan de la experiencia directa de las realidades del espíritu. No subas al árbol. Conténtate con verlo de lejos. La experiencia directa de Dios está reservada a los místicos y a los santos. No te acerques. No pretendas pisar donde los ángeles no se atreven. Te basta con la oscuridad de la fe y la lejanía de la esperanza. Manténte a distancia. Sé prudente. Adora de lejos. Y así lo hacemos. Y nos quedamos sin subir al árbol.
Leo Buscaglia fue a casa del niño expulsado del colegio y lo alegró diciéndole: ‘Ahora tienes quince días libres para trepar a los árboles.’
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