Y la mariposa dijo: “Os avisé”.
(Chamalú)
¿Hace cuánto no has visto volar una mariposa? ¿Días, meses…, quizá años? ¿Cuál fue la última vez que te sorprendió el palpitar del abanico viviente de alas ingrávidas en leve trayectoria de color? ¿Cuándo viste por última vez a una mariposa posarse en una flor y observaste sus antenas erectas y la espiral de su trompa expertamente desenroscada en busca del néctar oculto en el seno de la flor?
En mi niñez yo veía mariposas todos los días, no ya en el campo, sino en medio de la ciudad que era menos asfalto y más jardín que ahora. Solo en invierno las echaba de menos, y esperaba la aparición de la primera mariposa como certificado vivo de la llegada de la primavera. Incluso las atrapaba sigilosamente entre mis dedos, para observar de cerca sus geométricos dibujos, admirar la viveza de sus colores, y dejarlas marchar guardando solo entre mis dedos el recuerdo impreso del mágico polvillo de sus alas de hada. Eso era cuando yo era inocente y el aire era limpio. Ahora no veo mariposas. ¿Dónde estarán?
Nos dicen que un buen índice de la salud ecológica de una región es el número de mariposas que en ella se ven. Si eso es así, andamos mal de salud. Las mariposas se retiran porque el aire se enturbia, la hierba se marchita, las flores se van. Y al marcharse se llevan con ellas la consolación que nos quedaba de ver su alegre presencia y recibir su testimonio valioso acerca de nuestro entorno vital. Hoy no están y su ausencia nos hace sentir la pobreza entristecida del aire que respiramos y de la tierra que pisamos. Hemos perdido el certificado de buena conducta. Algún castigo nos llegará.
¿Qué es perder una mariposa? Es perder naturaleza, perder patrimonio, perder creación. Dios creó generosamente la multiplicidad de seres vivos para compañía, servicio, y alegría del hombre y la mujer que eran imagen suya, y a quienes quiso manifestar así su amor profundo y su providencia cuidadosa. Herencia paterna que adorna y acomoda la casa en la que los hijos han de vivir. Conservar esa casa es deber de familia. Por eso la ecología es virtud y el cuidado del entorno es reverencia a Dios. Toda pérdida de herencia es deslealtad al Padre que la legó.
Y seguimos perdiendo. Planta a planta, mariposa a mariposa, especie a especie. La lista aumenta cada día. Perdemos follaje, perdemos trinos, perdemos colores, perdemos vida. Y la pérdida es siempre irreparable. La mariposa que se va, no vuelve. Por eso quiere avisarnos antes de marcharse. Para que no se nos haga demasiado tarde.
La mariposa nos avisa con su desaparición paulatina. Cada ala de menos en nuestros jardines es un peligro más para nuestro futuro. Despertemos a tiempo al mensaje. Antes de que llegue el día en que la mariposa ya no esté aquí para advertírnoslo. |