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  atrás - ME CONTÁIS - 01/02/10



De todas las reacciones que he recibido sobre la ordenación de mujeres al sacerdocio, y de hombres casados también, todas han sido a favor menos una. Eso parece ir formando opinión pública a favor, y esta puede ir abriéndose paso como ‘la voz del pueblo que es la voz de Dios’, pero tardará. El actual magisterio de la Iglesia lo ha puesto difícil. Esto es lo que el papa Juan Pablo II decretó en 1994:

 

‘Aunque la enseñanza que la ordenación sacerdotal ha de reservarse exclusivamente a los varones se ha mantenido en la tradición constante y universal de la Iglesia y ha sido propuesta con toda firmeza por el magisterio en documentos recientes, en nuestros días y en algunos lugares se considera esta doctrina como abierta al debate, afirmando que el juicio de la Iglesia que las mujeres no deben ser admitidas al orden sacerdotal es solo una disposición meramente disciplinar. Por consiguiente, para quitar cualquier duda en esta materia tan importante, materia que pertenece a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar a los hermanos (ver Lucas 22:32) declaro que la Iglesia no tiene autoridad ninguna para conceder la ordenación sacerdotal a mujeres, y que este juicio ha de ser aceptado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.’ (Ordinatio sacerdotalis, 4)

 

Los que me dijeron esperaban ver este cambio en su vida espero que tengan larga vida. Un amigo sacerdote me dijo sonriendo, ‘Hay que esperar tres papas por lo menos’. Lo que es significativo es que a pesar de que Juan Pablo II promulgó su prohibición como definitiva, el tema se sigue discutiendo.