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  atrás - ME CONTÁIS - 01/02/09



[Gracias, María José, por haberme enviado este relato, que por lo visto es una carta a un director de un periódico, y que me ha emocionado.]

“Somos unos padres a los que el ginecólogo comunicó la malformación del hijo que esperábamos con ilusión. Solo los que hemos pasado por esto sabemos lo duro que resulta escuchar que tu hija padece una lesión cerebral y que morirá nada más nacer o incluso antes. ¡Tantas ilusiones truncadas en un segundo! El mismo médico nos explicó que en este caso el aborto está permitido hasta las veintidós semanas de gestación. También algunos familiares, amigos o compañeros de trabajo se atrevieron a opinar sobre cuál debía ser el futuro de nuestra hija. No queremos dar consejos, solo contar nuestra experiencia.

Hace un año, la ecografía de las veinte semanas revelaba que nuestra hija tenía una lesión cerebral incompatible con la vida. Le pusimos el nombre de María y seguimos adelante para poder vivir con ella el tiempo que su propia naturaleza nos permitiese. No se puede ocultar que fue un embarazo difícil y muy duro: noches sin dormir, lloros que no puedes controlar y, sobre todo, la incertidumbre, día tras día, de qué pasará: ¿llegará a nacer?, ¿cómo será?, ¿cuánto vivirá: segundos, minutos, quizás horas? Pero tampoco puedo dejar de contar que, a la vez, fue, de mis cuatro embarazos, el que más intensamente viví, porque fui muy consciente de que el mayor tiempo que iba a pasar con ella sería el que estuviese dentro de mí. Saboreé cada patada y cada momento que pasamos juntas, le canté y hasta le leí cuentos antes de dormir.

Nuestra hija nació el 25 de febrero y vivió apenas dos horas en nuestros brazos. Se fue rodeada de todos sus seres queridos con la ropa que con tanto amor, puntada tras puntada, lágrima tras lágrima, le habían tejido sus abuelas.

Al recordarlo os aseguro que fueron dos de las horas más felices e intensas de nuestra vida. Y aunque fue triste y muy duro, vivimos esa dolorosa y obligada separación con la serenidad y el orgullo de haberle dado todo nuestro amor como a cualquier otro hijo. Han pasado ya ocho meses y hemos aprendido a vivir sin ella, pero su entrañable recuerdo nos consuela y nos acompañará toda nuestra vida.”  

Lloro al leer esto.