Veo os interesó la cita del obispo católico australiano Geoffrey Robinson en mi Web del 15 de enero. Me lo habéis dicho muchos, y casi todos a favor. Os amplío su opinión sobre el sexo. Coloca juntos los cuatro mandamientos consecutivos quinto, sexto, séptimo, octavo, “no matarás”, “no cometerás adulterio”, “no robarás,”, “no calumniarás” como el respeto a la vida, la familia, la propiedad, el buen nombre de los demás respectivamente, es decir, la salvaguarda de la persona humana en su ser y en su entorno. Así es como ha de entenderse cada uno de esos cuatro mandamientos que forman un todo completo. “Yo entendería”, dice, “el sexto mandamiento en cuanto acciones sexuales torcidas pueden dañar las relaciones humanas, y toda discusión de moralidad sexual debería basarse en ese concepto. No en el concepto de ser ‘ofensa de Dios’ o ‘contrarias a la naturaleza’. Este sería el primer paso para edificar una nueva ética sexual.”
El acto sexual, por consiguiente, es pecado cuando hace daño a alguien, como lo hacen el matar, robar, calumniar. No es que, como tal, un acto sexual (por ejemplo la masturbación o el sexo antes del matrimonio) sea una “ofensa a Dios” (que no lo es), prosigue el obispo, ni que sea un acto “contra la naturaleza tal como Dios la ha establecido” (que tampoco lo es). Dice textualmente: “En vez de basar la ética sexual en una ofensa directa a Dios deberíamos basarla en el bien o mal que hace a otros, a uno mismo, y a la comunidad. Al colocar el sexto mandamiento junto con los otros tres que lo rodean, es cuando nos estamos moviendo hacia una ética genuinamente cristiana que protege las relaciones que dan sentido, fin, y dirección a la vida humana, tratando a nuestro prójimo como queremos ser tratados por él.”
Esto, que es bastante revolucionario y cambiaría toda la ética sexual católica actual, lo dice en su libro “Confronting Power and Sex in the Catholic Church”, The Columba Press, Dublin 2007, y lo dice por escrito, lo dice muy delicadamente (aunque también muy clara y enérgicamente), y lo dice como obispo. En mi última Web os decía que yo no me hubiera atrevido a decir lo que él decía, pero sí me permitía citar el libro de un obispo, el cual –os decía con mi acostumbrada inocencia– tendrá al menos la aprobación de un obispo. Hoy he abierto Internet para enterarme de los últimos datos sobre el obispo Geoffrey Robinson en Australia, y después de la descripción de su brillante carrera como obispo, me ha salido esto al final: “El papa ha aceptado su dimisión por motivos de salud.” Tiene 70 años. |