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“Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño. Y me dijo: ‘¿Qué ves?’.”
(Zacarías 4:1-2)

Ojalá durmiera yo tan bien que necesitara un ángel para despertarme. Dicho de otra manera: el secreto de dormir bien es saber que me va a despertar un ángel. Él es quien lo hace siempre aunque yo no me dé cuenta. Suyo es el toque que roza mi rostro, el destello que alerta mis ojos, la voz que abre mis oídos… aunque sea el sonido metálico del despertador ingrato. Es mi ángel quien me despierta, porque él es quien ha estado velando mi sueño toda la noche y sabe cuándo he de acabarlo y levantarme para salir al encuentro del día y del trabajo y de la vida. Me roza con la punta del ala, me acaricia con su suavidad, me hace cosquillas con su travesura, y si hace falta me sacude y me grita hasta que salgo de la noche y me presento al día. Me despierta “como a un hombre que es despertado de su sueño”. Eso hacía el ángel con los profetas para contarles profecías. Que lo haga también conmigo.

El profeta comienza a ver visiones y el ángel le pregunta. “¿Qué ves?”. Se lo cuenta el profeta sin entender muy bien lo que dice, y él mismo pide al ángel que se lo explique:

“Proseguí y dije al ángel que hablaba conmigo: ‘¿Qué es esto, señor mío?’. Me respondió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: ‘¿No sabes qué es esto?’. Dije: ‘No, mi señor.’ Prosiguió él y me habló así.”
(4:4-6a)

Yo sueño sueños y veo visiones y planeo planes y programo el día. Pero no sé muy bien todo lo que eso significa. No sé cómo se me van a presentar los asuntos, cómo me van a salir las cosas, cómo van a reaccionar las personas. “No lo sé, mi señor.” Y el ángel explica y aclara y anima. De su mano me levanto y de su mano comienzo a andar por las sendas del día. Sentirlo conmigo en la noche para seguir junto a él en el día. Y que se vayan cumpliendo sus profecías. Cada día tiene su visión si sé recibirla al amanecer del ángel que me despierta. ¿No sabes qué es esto? No, mi señor. Explicádmelo vos a lo largo del nuevo día hasta que llegue el momento de descansar en la nueva noche. Y luego me despertaréis otra vez “como a un hombre que es despertado de su sueño.” Duermo tranquilo.