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  --- MEDITACIÓN ---  
 

 

Sucedió una vez hace años que un barco japonés tras una larga travesía llegó al delta del Amazonas y penetró en el inmenso río. Habían tardado más tiempo del calculado y se habían quedado sin agua potable a bordo Se dirigieron, pues, al primer barco que cruzaron, y pidieron por medio de señales que les dieran algo de agua potable urgentemente, si tenían suficiente. Los del otro barco, marineros locales acostumbrados a aquellas aguas, contestaron con el mismo sistema de señales: “¡Echen unos cubos al agua!” Los japoneses creyeron por un momento que se burlaban de ellos, pero luego hicieron caso, y en medio de una buena sorpresa comprobaron que el agua en que estaban navegando era agua dulce. Pudieron beber toda la que quisieron.

Navegar en agua dulce y pasar sed. Triste destino del ser humano. Los ríos en el Japón son cortos, pues las islas no les dan mucho terreno para extender su curso, y al no alargarse, tampoco se ensanchan con las pretensiones de un delta. Por eso los marineros japoneses no reconocieron un río en la amplitud de la desembocadura. Creyeron que era todavía el océano y sus aguas saladas. Todos somos isleños de cortos ríos y nos perdemos en las aguas del Amazonas.

El agua dulce está aquí mismo. Nos rodea por todas partes. Y pasamos sed. Pedimos y mendigamos a todo el que se nos acerca: “¡Danos un poco de agua!” Y cuando nos dicen que echemos un cubo y lo llenemos, creemos que no nos han entendido. El agua está aquí mismo. No hay que esperar, no hay que pedir, no hay que comprar. La salvación está en el presente. No hay más que echar el cubo al agua y beber. Quizá por ser tan sencillo no pensamos en ello. Ahora ya lo sabemos.


(Último cambio: 01.02.2012)
(Próximo cambio: 15.02.2012)